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Sam Harris en defensa del elitismo en política

Publicado por Ismael

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Sam Harris

Permítaseme confesar que me sentí realmente excitado por la actuación de Sarah Palin en la reciente convención republicana. Dada su audiencia y las necesidades del momento, creo que la charla de la Gobernadora Palin ha sido la comunicación política más efectiva de la que jamás he sido testigo. Allí teníamos finalmente a una intérprete maternal, enraizada, corajuda y sexy capaz de saltarse el cortex frontal de cada americano y clavar una pica de medio metro directamente en ese circuito límbico que incesablemente entona el «Dios y Patria». Si alguien puede hacer que la teocracia Cristiana huela como el pastel de manzana, ese es Palin.

Luego llegó la primera entrevista televisada con Charles Gibson. Me alivió descubrir, como a muchos, que el lujo en la imagen de Palin disminuye muchísimo en ausencia de teleobjetivos. Aún, el problema que ella impone en nuestra agenda política es más grande que su propia figura. Sus fans parecen dispuestos a perdonarle cualquier incorrección que sea menos grave que el canibalismo. No importa lo afectada que pueda verse durante las próximas semanas de campaña; sus incondicionales se fijarán en las malas formas del periodista que le hizo perder las formas, en el cámara que televisó sus malos momentos, o en la red de televisión que difunde sus amagos de mala fortuna. Sobre todo, en la «élite liberal» a la que le gustaría que, en pleno siglo XXI, sólo una persona bien educada pueda tener el control de nuestro arsenal nuclear.

Lo que hay que lamentar no es que Sarah Palin venga de fuera de Washington, o que conozca una parte tan pequeña de la superficie terrestre —no se sacó el pasaporte hasta el año pasado—, o que no conozca a ningún jefe de estado. La cuestión es que se nos ha presentado aspirando al segundo trabajo más importante del mundo sin ninguna formación intelectual relevante ante los desafíos y responsabilidades que le aguardan. Nada sugiere que sea capaz de un análisis cuidadoso o de un entendimiento profundo de los acontecimientos mundiales cuando llegue la hora de liderar una nación. En su entrevista con Gibson, Palin se las apañó para bromear sobre el hecho de que ve rusia desde su ventana, como si la proximidad geográfica de Alaska con Rusia le diese algún tipo de experiencia en asuntos exteriores. Palin puede ser una persona maravillosa, madre amantísima y un ejemplo de éxito para el pueblo americano, pero es una reina de la belleza y reportera deportiva que de repente se ve a punto de pasar a la historia de la humanidad.

El problema, al menos en lo que concierne a nuestra política, es que a la mitad del electorado no le preocupa la falta de cualificación intelectual de Palin. Cuando se trata de política, en este país hay un demedido amor por la mediocridad. «¡Se creen mejores que tú!» es el lema que los estrategas republicanos, tan competentes como cínicos, han difundido por la multitud. Y la multitud se ha emborrachado de lema. «¡Sarah Palin es una persona normal!» En efecto, y se pasa de normal.

Hemos sido testigos de ver a seres humanos aparentemente con sentimientos decir, una vez provocados por el micrófono de un reportero, que «votarán a Sarah porque es una madre, y sabe lo que es ser madre». Tales sentimientos sugieren un profundo desprendimiento de los problemas del mundo hoy en día. La próxima administración deberá inmediatamente ocuparse de temas como la proliferación nuclear, las guerras con Irak y Afganistán —y alguna que otra más—, el cambio climático, una economía convulsa, la beligerancia de Rusia, el crecimiento de Chima, epidemias, Islamismo en cien frentes, unas Naciones Unidas en defunción, el deterioro de la enseñanza en América, problemas con la energía, la infraestructura, la seguridad en Internet. La lista es muy larga y Sarah Palin no parece competente ni para ordenar esos temas por orden de importancia, como para ocuparse de alguno de ellos.

El gafe de Palin en su entrevista con Gibson ha sido muy discutido. Lo cierto es que no me preocupa demasiado que no supiera el significado de la frase «doctrina Bush». Estoy seguro de que a sus incondicionales tampoco les ha importado. Mucha gente lo vio como una emboscada del periodista. Lo que me preocupa son el resto de cosas que está garantizado que Palin tampoco sabe, o que sólo sabrá en parte tras el tutelaje de los asistentes de John McCain. ¿Qué no sabe sobre mercados financieros, Islam, la historia del Oriente Medio, la guerra fría, los modernos sistemas de armamento, la investigación médica, la ciencia ambiental o las teconologías emergentes? Su relativa ignorancia está garantizada en estos y en muchos otros frentes, no porque se la pusiera en evidencia, se pusiera nerviosa, o no hubiese leído el periódico esa mañana. No. La ignorancia de Sarah Palin está garantizada por cómo han transcurrido sus últimos 44 años en el planeta.

Me preocupan incluso más las muchas cosas que Palin cree que sabe pero tampoco; como su convicción de que el Dios de la biblia dirige conscientemente lo que sucede en el mundo. No hace falta recordar que comparte esta creencia con millones de americanos. Pero es que tampoco queremos que ellos tengan nuestros códigos nucleares. No hay duda de que si el Presidente McCain muerde el polvo y Palin llega a ser la primera mujer presidente, ella y sus incondicionales creerán que Dios, en su majestuosidad y sabiduría, ha hecho que suceda. ¿Y por qué le daría Dios a Palin un trabajo para el que no vale? Yo creo que no lo haría. Todo ocurre por un motivo. Palin parece convencida de que el destino del país, incluso el destino de la especie humana, son colaterales en su viaje personal hacia la fe. Por supuesto, McCain lleva un equipaje muy parecido en su camino hacia la Casa Blanca.

Hablando ante su parroquia sobre la marcha de su hijo a la guerra en Irak, Palin pidió a su congregación que rezara «para nuestros líderes nacionales que mandan a nuestros hijos a una misión de Dios, para estar seguros de por qué rezamos, por que haya un plan, y sea el plan de Dios». Preguntada al respecto en la entrevista con Gibson, Palin se sacudió el asunto recordando ingeniosamente que se trataba de palabras de Abraham Lincoln. El New York Times calificó esta respuesta de «absurda». Pero es peor que absurda, es una mentira calculada para esconder hasta qué punto llega su religiosidad. Cada detalle que surge de la vida de Palin en Alaska sugiere que es una devota que cree en la verdad literal del dogmatismo Cristiano tanto como cualquiera de sus vecinos. Dada su duradera afinidad con las Asambleas de la Iglesia de Dios, Palin probablemente cree que la profecía bíblica es una guía infalible de los próximos acontecimientos, y que estamos viviendo los tiempos finales. Que la historia del hombre pronto se va a despeñar por un cataclismo de guerras y catástrofes ambientales, y que eso será algo genial porque todos los cristianos serán elevados en cuerpo al cielo para reunirse con Jesús mientras que todos los no creyentes, judíos, metodistas y otra escoria serán castigados en un lago de fuego por toda la eternidad. Como muchos pentecostistas, Palin podría imaginar que ella y sus correligionarios tienen el poder de la profecía. De otra forma, ¿que podría haber querido decir al declarar a su congregación que «Dios os dirá lo que sucede, y lo que va a suceder, y eso es lo que llevaréis con vosotros»?

Puedes saber cosas de la gente de sus compañías. En las iglesias que Palin ha frecuentado por décadas, sus correligionarios disfrutan del «bautizo por el Espíritu Santo», «curaciones milagrosas» y del «don de lenguas». Invariablemente, se ofrecen manifestaciones irracionales de este comportamiento y de su supuesta significancia para el universo entero. Los colegas espirituales de Palin se describen como parte de «la última generación» comprometidos en una «lucha espiritual» para purgar el planeta de «fuerzas demoníacas». Palin ha malgastado toda su vida adulta inmersa en esta histeria apocalíptica. Pregúntese a sí mismo; ¿es buena idea poner la fuerza militar más poderosa del mundo a su dosposición? ¿Queremos que nuestros líderes tengan en consideración el cumplimiento de las profecías bíblicas cuando toque gestionar la relación con iraníes, coreanos del norte, pakistaníes, rusos o chinos? «Todas las opciones están sobre la mesa.»

Es fácil ver lo que mucha gente, especialmente mujeres, admiran de Sarah Palin. Es madre de cinco hijos, uno de ellos con Síndrome de Down, y aún encuentra el tiempo y la energía para gobernar el estado de Alaska. Pero no puede ser ignorado el hecho de que su organización familiar testifica sus creencias religiosas dogmáicas. Muchos han hecho notar la hipocresía conservadora aquí. Cuando Jamie Lynn Spears se queda embarazada, el hecho es síntima de la decadencia liberal y de la ruptura de los valores familiares. Cuando es una hija de Palin, en cambio, el embarazo adolescente es reinterpretado como el signo de la inmaculada fecundidad de los de un pueblo pequeño. Imagínese si, en lugar de los Palin, fuese la familia Obama la que mostrase una menor de edad embarazada en su convención, flanqueada por su novio negro, quien afirma pretender casarse con ella. ¿Cuántos comentaristas conservadores se habrían resistido a la tentación de hablar de «disfunciones en la comunidad negra»?

Un embarazo adolescente es una desgracia, simplemente. En el mejor de los casos es mala suerte, para la madre y para el niño. En el peor, como en el caso de los Palin, es el síntoma de su dogmatismo religioso. La Gobernadora Palin se opone a la educación sexual en los colegios por motivos religiosos. Ha luchado vigorosamente por la ley del consentimiento parental en el estado de Alaska, de forma que sean los padres los que toman las decisiones reproductivas sobre los hojos. Sabemos que Palin se considera la responsable sobre si su hija lleva su embarazo a término. Basándose en su posición conocida, sabemos que habría negado un aborto a su hija incluso si hubiese sido violada. Se nos puede perdonar dudar de que Bristol Palin haya disfrutado de todas las ventajas de la planificación familiar en nuestro siglo. De cualquier ventaja de nuestro siglo.

Nos hemos concedido ocho años de administración gobernada por una ideología religiosa. La concesión de Bush a Bob Woodward de haber consultado a un «padre superior» antes de ir a la guerra en Irak nos pilló a muchos desconcertadois, incluso antes de que nos fijásemos en signos más etéreos de su incompetencia. Con todas mis reservas hacia las creencias religiosas de Bush y sobre su preparación escasamente sobre la media hacia la realidad en el mundo, nunca le he creído un extremista listo para el Rapto. Palin sí parece ser una. Con el equipo de McCain llevándola de aquí para allá como a una mascota entre hoy y e día de las elecciones, se espera que no haga demasiado evidente su extremismo religioso hasta que sea demasiado tarde para hacer algo. Sus apoyos saben que mientras que no puede permitirse hablar y hablar entre hoy y el 4 de noviembre; si es elegída con seguridad caminará y caminará hasta el Día del Juicio.

Lo que irrita sobre la candidatura de Sarah Palin es el grado en el que ella y ss incondicionales celebran el matrimonio entre confianza e ignorancia. Verla afirmarle a Gibson que nunca ha tenido la menor duda de estar preparada para tomar el mando de la única superpotencia mundial, uno tiene la sensación de que Palin tomaría con gusto cualquier otra responsabilidad.

«Gobernadora Palin, ¿está usted preparada para realizar la cirugía que precisa el cerebro de este niño?»

«Por supuesto, Charlie. De hecho yo misma tengo varios niños. Y además soy cazadora.»

«Pero, gobernadora, esto es neurocirugía, y usted no ha sido entrenada para practicar cirujía de ningún tipo.»

«Ahí voy, Charlie. El pueblo americano desea un cambio en cómo tomamos las decisiones médicas en este país. Y, cuando se te presenta un desafío, no puedes permitirte pestañear.»

La previsión de una posible Administración Palin da aún más miedo, de hecho, que la existencia de un Instituto Palin de Neurocirugía Pediátrica. Preguntémonos; ¿cuándo el elitismo se convirtió en tabú en la política americana? No existe otro ámbito de la vida diaria en el que el talento extraordinario y un entrenamiento riguroso se vean tan denigrados. Queremos que pilotos de élite piloten nuestros aviones, tropas de élite que lleven a cabo las misiones críticas, atletas de élite que nos representen en las competiciones, y científicos de élite que dediquen los mejores años de sus vidas a curar nuestras enfermedades. Y aún así, cuando llega el momento de investir a alguien con responsabilidades aún mayores, consideramos una virtud la ausencia de cualquier signo de excelencia. Cuando llega el momento de elegir a la gente cuyos pensamientos y acciones van a decidir el destino de millones de personas, de repente queremos alguien como nosotros, alguien con quien tomarse una cerveza, alguien con los pies en la tierra. Cualquiera. Siempre que no parezca inteligente y bien educado.

Creo que con la nominación de Sarah Palin a la vicepresidencia, la estupidez que rodea a nuestra política finalmente ha terminado poniendo a nuestra nación en riesgo. El mundo es cada vez más complejo y peligroso, con cada hora que pasa nuestra posición es más precaria. Si llegase a presidenta, Palin parece sobradamente capaz de practicar políticas tan desprendidas del interés común de la humanidad y de la realidad empírica como para reunir a todo el resto del mundo en contra nuestra. Cuando es preguntada sobre si está cualificada para tener más responsabilidad que cualquier otra persona en la historia humana, Palin simplemente cita su rechazo a la duda. «No puedes permitirte pestañear» contestó a Gibson repetidamente, como si no pestañear fuese el elemento definitivo de la sabiduría de un gobernante. Espero que una Presidenta Palin pestañee una y otra vez mientras que son otros los que deciden el destino de la civilización.

Visto en Newsweek.com vía New Humanist Blog.

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3 comentarios:

  1. Anónimo dijo...

    Se me ocurren muchas cosas leyendo este post. En primer lugar no me asombra que un cerebro reptiliano como el de Palin pueda llegar a la Casa Blanca, en tanto en cuanto llegó Bush. Lo que realmente me preocupa es que al "gobernante del mundo" lo voten sólo los provincianos e ignorantes norteamericanos (esos que creen que España está al sur de México, como McCain). Además, hemos de recordar en qué época se encuentran aquellos países donde gobierna Dios (o Alá): ¡en plena Edad Media!.
    Uno contempla cómo los "avanzados" países occidentales abandonaron a Dios, lo que implicó progreso y bienestar, pero se alarma frente al retroceso que significa la sóla posibilidad de que una cínica demente pueda gobernar el mundo. No sé qué es peor, si dejarse gobernar directamente por Dios y volver a la Edad Media (como en los países árabes) o dejarse gobernar por Sarah Palin. Hay muy poca diferencia.
    CSPR Http://misteriosaldescubierto.wordpress.com

  2. Anónimo dijo...

    Gente normal y corriente como el mismísimo Bush. Luego se destapan y te encuentras con la sorpresa:

    http://lagranhoguera.wordpress.com/2008/09/24/neron-w-bush/

  3. Anónimo dijo...

    hablar de elitismo en política es ciertamente curioso cuando se trata de unas elecciones democráticas...en parte, el abandono del elitismo en la política es una de las conquistas de la historia moderna. No hay un concurso de méritos para llegar a la candidatura de ninguna presidencia o vicepresidencia de ningún gobierno. Pero sí para formar parte de una administración que ha de asegurar que, bajo cualquier gobierno, la estructura de un país no sea desintegrada por los vaivenes de la política.
    Lo que se está juzgando aquí, no es la capacidad intelectual y formación de Palin, sino las aptitudes, conocimientos y responsabiliad ciudadana del pueblo americano. Y reabrir ese debate es lo realmente polémico en democracia. Se trata de cuestionar la idoneidad del sufragio universal...