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El marketing del cabreo

Publicado por Ismael

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Seth Godin

Un tío cabreado es distinto de un tío normal. No son dos o tres centímetros en la curva de un gráfico. No, hay una distancia enorme, vertical, que separa a los cabreados de todos los demás.

Puedes encontrarte perspectivas cabreantes —lo eran antes de llegar tú—, clientes cabreados, reguladores cabreados o incluso empleados cabreados. Se parecen a nosotros pero en realidad son diferentes.

Es tentador tratar a un tío cabreado tal y como tratarías a un tío normal, solo que cabreado. Esto es un error, porque el cabreo suele venir con una visión de la realidad distinta pegada. Un cliente cabreado no es sólo un poco menos valioso que un cliente contento. De hecho, merece una gráfica para él solo.

Me permito dos sugerencias para tratar a los tíos cabreados.


  1. A veces puedes simplemente evitarlos. Puedes elegir no trabajar con gente cabreada. Simplemente hazlo. Hay un montón de gente contenta ahí fuera.
  2. O puedes reconocer el cabreo e intentar entender que hasta que consigas que se vaya, cualquier respuesta va a ser completamente inútil para ti. La oportunidad detrás de trabajar con un tío cabreado es que podrías hacer que deje de estarlo y, a partir de ahí, llevar la gráfica hacia una que muestra beneficios para los dos. El error común en el marketing es creer que el siguiente paso es mover a esa persona en tu gráfica. No. Nadie se mueve cuando está cabreado.


«No volveré a este restaurante» es cabreo.
«Eh, pues la semana que viene tenemos lasagna...» no va a funcionar.

«Me cabrea que mi candidato no ganase las primarias» es cabreo.
«Escucha mi plan sobre sanidad» tampoco.

«¡Han cancelado mi vuelo!» es cabreo.
«Funcionamos así, ¿no leyó su billete?» es obviamente una táctica de marketing perdedora.

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