La media hostia ahora es Scientia Futura

El Vaticano contra Sálvame Deluxe

Publicadas por Ismael

Haz clic en la imagen para verla a su tamaño original.

Recuerda que en locales públicos se ponía «Aquí no se blasfema» y dice que «no estaría mal sustituirlas, en algunos casos, por: ¡Aquí no se hacen chismes!». En realidad, si Belén Esteban se dedicase a la blasfemia, tanto mejor nos iría.

Zenit

«¡Aquí no se hacen chismes!». Este cartel debería ponerse en muchos ambientes de convivencia, también en la Iglesia, según sugirió este viernes el padre Raniero Cantalamessa, en la meditación de Cuaresma que dirigió a Benedicto XVI y a sus colaboradores de la Curia Romana.

Al afrontar como argumento la frase de la Carta de san Pablo a los Romanos, «Que la caridad sea sin fingimiento», el fraile capuchino consideró que en el campo de la caridad en la Iglesia hay un aspecto que necesita una conversión: el de los juicios recíprocos.

El hecho de juzgar no es en sí algo malo, aclaró, lo que es malo es el «veneno» que inocula nuestro juicio. «Es decir, el hastío, la condena».

Ante el Papa, cardenales, obispos, sacerdotes, y religiosos presentes en la capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico, Cantalamessa explicó que «el juzgar es una acción neutral, el juicio puede terminar tanto en condena como en absolución y justificación».

«Son los prejuicios negativos los que son recogidos y prohibidos por la palabra de Dios, los que junto con el pecado condenan también al pecador, los que miran más al castigo que a la corrección del hermano», indicó.

«Para estimar al hermano, es necesario no estimarse uno mismo demasiado —siguió diciendo—; es necesario —dice el Apóstol— «no hacerse una idea demasiado alta de sí mismos» —Rm 12, 3—. Quien tiene una idea demasiado alta de sí mismo es como un hombre que, de noche, tiene ante los ojos una fuente de luz intensa: no consigue ver otra cosa más allá de ella; no consigue ver las luces de los hermanos, sus virtudes y sus valores.

«Minimizar» debe ser nuestro verbo preferido, en las relaciones con los demás: minimizar nuestras virtudes y los defectos de los demás. «¡No minimizar nuestros defectos y las virtudes de los demás, como en cambio hacemos a menudo, que es la cosa diametralmente opuesta!»

«El chisme ha cambiado de nombre, se llama gossip», afirmó el sacerdote, o cacareo, comidilla, rumor o cotilleo.

«Parece haberse convertido en algo inocente, en cambio es una de las cosas que más contaminan la convivencia —aseguró—. No basta con no hablar mal de los demás; es necesario además impedir que otros lo hagan en nuestra presencia, hacerles entender, quizás silenciosamente, que no se está de acuerdo».

«En muchos locales públicos antes se ponía: "Aquí no se fuma", o también, "Aquí no se blasfema". No estaría mal sustituirlas, en algunos casos, con el escrito: "¡Aquí no se hacen chismes!"», concluyó.

Visto en Religión en Libertad.

Jesuschrist Superstar!!

Publicadas por Ismael

Haz clic en la imagen para verla a su tamaño original.



La blasfemia según los maestros de Dando por culo. No tomarás el nombre de Keith Richards en vano.

José Saramago en Playboy Portugal

Publicadas por Ismael

Haz clic en la imagen para verla a su tamaño original.

El contenido de la última entrega del Playboy Portugal ha sido para algunos un homenaje sincero al recientemente fallecido José Saramago, y para otros nada más que oportunismo descarado. Ahora nos cuentan que la revista ha sido cerrada por «blasfemia», con lo que irremediablemente nos apuntamos a pensar lo primero.

El crimen ha sido repensar la novela El Evangelio Según Jesucristo en forma de porno soft-core. Curiosamente el cierre no es responsabilidad de las autoridades portuguesas, sino de la empresa matriz, Playboy Enterprises, desde los Estados Unidos.

Playboy parece haber cambiado mucho desde que su símbolo era George Carlin, el gran maestro del humor humanista y ateo.

El reportaje recuperaba al Cristo carnal y mundano de Saramago; pelo largo, barbas, y ropas radiantes, siempre en compañía de mujeres en top less. Dos de ellas disfrutan de un momento de atracción lésbica, otra lee un libro, una cuarta parece ser una prostituta deseando al mesías como cliente. La última, en portada, parece haber muerto en los brazos de Cristo.

Se cuenta que Saramago recibió la inspiración para escribir el libro a partir de una ilusión óptica. En un quiosco creyó leer el título del libro en un titular. Continuó su paseo pero necesitó volver intrigado para confirmar haberlo leído. A la vuelta, cuenta, la palabra Jesús no aparecía por ninguna parte.

«En ese momento pensé que sería interesante, a partir de esta ilusión óptica, que esto podría darme origen a un relato, señaló. La idea fue tomando cuerpo tras su visita a la pinacoteca de Bolonia, en Italia, donde viendo algunas pinturas «se me presentaron algunos momentos fundamentales de la obra», hubo indicado.

De Saramago nunca me gustaron sus críticas obsesivas al estado de Israel. Hay muchos y muy buenos motivos para criticar a su gobierno, y yo mismo lo hago habitualmente, pero ninguna para poner en duda la existencia del único y necesario bastión de Occidente en el Oriente Próximo. Su laicismo en cambio siempre fue sincero y nunca voy a dejar de admirarlo.