La media hostia ahora es Scientia Futura

Un gran Hombre de Vitruvio en el hielo para alertar del cambio climático

Publicadas por Ismael

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El artista irlandés John Quigley hizo una reproducción gigantesca del famoso dibujo de Leonardo da Vinci Hombre de Vitruvio en los hielos árticos para llamar la atención sobre su desaparición progresiva.

Redacción


La reproducción estaba hecha con hojas de cobre y ocupaba la superficie de cuatro piscinas olímpicas, cada una de las cuales mide 50 metros de largo y 25 de ancho.

Este dibujo del genio renacentista es un estudio sobre el cuerpo humano que reproduce la imagen de un hombre con piernas y brazos apartados en dos posiciones superpuestas, mostrando las medidas ideales. La versión de Quigley contiene solo la mitad de esta famosísima imagen. Una figura rota sin un brazo y una pierna simboliza “el cuerpo de nuestra civilización, roído por los problemas ecológicos”.

Para crear su llamamiento el artista viajó al estrecho de Fram, a 800 kilómetros del Polo Norte, en un rompehielos de Greenpeace. De material sirvieron las hojas de cobre que se suelen utilizar para la producción de baterías solares. Posteriormente el cuadro fue desmontado para que el cobre pueda ser reutilizado. Este proyecto de arte abrió la expedición de los científicos de Cambridge que van a medir el espesor del hielo en puntos diferentes del Ártico.

Ahora la capa del hielo que cubre el Ártico se ha reducido hasta casi el nivel de 2007, cuando alcanzó su mínimo histórico conocido. El deshielo estimula la absorción de la energía solar por la Tierra y en consecuencia, la liberación de grandes cantidades de metano que produce un fuerte efecto invernadero.

Foto de Greenpeace. Visto en RT. Lo cuenta también BBC Mundo.

El número aureo, hoy

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¿Qué tienen en común Dalí, Cartier-Bresson, Da Vinci y el cachondo mental que ha diseñado la nueva interfaz para Twitter?

El número aureo es una cantidad irracional. La imagen de la fórmula utilizada para calcularlo que aparece debajo procede de la Wikipedia.


Se trata de un número que posee propiedades interesantes y ya conocido desde la antigüedad. No se utiliza como unidad en sí mismo, sino como proporción entre segmentos de rectas. Así usado está presente en multitud de formas geométricas en la naturaleza, como en las nervaduras en las hojas de los árboles, en el grosor de sus ramas, o más gráficamente en las caracolas.

Es sin embargo más apreciado en el mundo del arte. Se le concede un carácter estético especial a aquellas composiciones, ya sea en pintura, escultura o fotografía, cuyos componentes siguen la proporción aurea. Se representa de hecho por la letra griega Φ o fi en honor al escultor griego Fidias. Existen ejemplos muy recordados en todas las épocas.




En el mundo actual, tan profundamente tecnologizado, y donde la expresión artística se ve cada vez más sustituida por el mero magisterio técnico ¿qué sentido tiene seguir utilizando el número aureo? Probablemente ninguno. Pero, eh, hay mucho cachondo mental suelto.

La venganza expresionista

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Magistral Alberto Montt. Feliz fin de semana.

La grandeza humana del arte religioso

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George Carlin, quien presumía de la colección de vinilos más grande de toda Norteamérica, afirmaba que el arte sacro era la única aportación que le reconocía a la religión a la humanidad. Nada que objetar desde luego a que Dios fuese la inspiración de la música tan sublime que nos dejó Johann Sebastian Bach, como ejemplo desde luego más destacado. Richard Dawkins nos recuerda sagazmente que la obra literaria de William Shakespeare era por completo pagana y no es desde luego sospechosa de falta de magnificiencia. Mauricio José Schwarz, mi escéptico de cabecera, apunta a una idea similar.