La media hostia ahora es Scientia Futura

¿Ser homosexual es una decisión? (VIDEO)

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Si la energía de los creyentes para enfrentarse a las obviedades estuviese mejor empleada, el ser humano ya estaría en Marte.

La mejor viñeta de Wulffmorgenthaler de todos los tiempos

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Son el mejor humor en Internet, y punto. Seguid así, chicos.

El problema con el matrimonio homosexual

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"No tiene ningún efecto en tu vida. ¿Por qué te preocupa? La gente intenta hablar de ello como si se tratase de un problema social. Como cuando se levanta uno en un programa de la tele y dice '¿Cómo voy a explicar a mi hijo que dos hombres se están casando?' 'No sé, es asunto tuyo', les dices. ¿Por qué debería ser problema de los demás? ¿Dos hombres están enamorados pero no pueden casarse porque tú no quieres perder hablando con el feo de tu hijo cinco miserables minutos?" Louis Szekely

"Es un mito que el SIDA empezara en los homosexuales"

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Entrevista a Michael S. Gottlieb, el inmunólogo que escribió a las autoridades de salud en EEUU los primeros casos de SIDA.

Ainhoa Iriberri

Michael S. Gottlieb era un especialista en inmunología cuando llegaron al hospital de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), donde trabajaba, los que después se convertirían en los primeros pacientes (y víctimas) del SIDA. Él tomó la decisión de avisar a los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de EEUU, lo que llevó a la publicación del informe sobre estos primeros enfermos en su boletín epidemiológico, hace hoy 30 años.

¿Qué recuerda de los primeros enfermos?

Recuerdo más a estos pacientes que a los que vi ayer. El primero ingresó en enero de 1981 con una neumonía precedida de pérdida de peso. Se llamaba Michael, era homosexual y muy agradable. Después, médicos locales nos mandaron algunos casos más muy similares. Todos murieron antes de un año.

¿Eran conscientes de lo que les sucedía?

No. Notaron que sus médicos estaban hechos un lío pero no fueron conscientes de que tenían una enfermedad del sistema inmunológico que iba a ser mortal. Michael estaba convencido de que le íbamos a poner una inyección y se iba a sentir mejor, no estaba nada preocupado.

¿Y cuándo empezó usted a pensar que se trataba de una enfermedad nueva?

Después de tres casos, sabíamos que estábamos ante algo nuevo, digno de ser comunicado a las autoridades sanitarias. Sentía que iba a ser un hito médico, aunque nunca imaginé que aquellos pacientes serían los primeros de cerca de 30 millones de muertos.

¿Cómo recibieron la noticia las autoridades sanitarias?

Yo sabía que iban a estar interesados, porque lo que estábamos viviendo era muy dramático. Hubo un dato curioso, y es que nos cambiaron el título del artículo. Nosotros habíamos puesto Neumonía por pneumocystis en homosexuales de Los Ángeles y ellos eliminaron la palabra "homosexuales". En ese momento, la enfermedad estaba restringida a los gays, pero sin duda la decisión de los CDC fue la correcta: en menos de un mes rastrearon Nueva York y San Francisco y encontraron casos del síndrome en heterosexuales. Sigo sin saber por qué quitaron la descripción antes, si pensarían que iba a ser percibido negativamente o qué.

¿Por qué se vio SIDA antes en los homosexuales?

Es un mito que el SIDA empezara en los homosexuales. El VIH vino a EEUU de África en los sesenta. Lo que pasó es que a finales de los setenta se vivió una liberación sexual que hizo que los gays practicaran el sexo con muchos compañeros distintos. El SIDA probablemente se introdujo en la comunidad homosexual por accidente, seguramente por compartir agujas. Pero una vez que entró se expandió rápidamente, por ese clima cultural que se estaba viviendo.

¿Usted pensó entonces que iba a haber una cura?

Sí. Al principio pensé, ingenuamente, que el ataque al sistema inmunológico sería temporal, como ocurre con el virus del resfriado común, para el que tampoco tenemos tratamiento. Cuando a finales de 1981 todos nuestros primeros pacientes habían muerto, me convencí de que no iba a ser así. Los primeros 15 años fueron un drama, hasta que, en 1987, se descubrió que el AZT (un viejo fármaco para el cáncer) retrasaba las infecciones. Esto fue la prueba de concepto necesaria para saber que se podía desarrollar un fármaco para el VIH, y lo que hizo a la industria farmacéutica estar más interesada.

Usted fue el médico de Rock Hudson. ¿Le animó a hacer público su caso?

Fui su médico más de dos años. Él no quería ser recordado como el primer famoso con SIDA. Yo le envié a París a probar un fármaco experimental y se desmayó en el hotel Ritz. Alguien vio cómo se lo llevaban al hospital y se filtró el rumor de que tenía SIDA. Cuando volvió, ya estaba muy mal y yo le pregunté si podía confirmarlo. Él me dijo: "Si crees que hará algún bien, adelante". Nunca podría haber imaginado todo el bien que hizo. Su caso marcó un antes y un después, hizo falta que él muriera para llevar el problema a las casas.

Visto en Diario Público.

La mayor amenaza al pueblo americano no es la que pensabas

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Osos mexicanos, musulmanes y homosexuales. Comenzad a temblar. Ahora.

Una encuesta intenta forzar a la derecha española a aceptar el matrimonio homosexual

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Ante los sondeos que anuncian la derrota del PSOE en las próximas elecciones, las asociaciones que defienden los derechos de los homosexuales buscan reafirmar su agenda ante el PP.

Gilberto Pérez

El Instituto de la Juventud —Injuve—, dependiente del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad liderado por Leire Pajín, ha presentado junto a la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales —FELGTB—, los resultados de una encuesta elaborada por el CIS sobre «las opiniones y actitudes que tiene la juventud española ante los y las adolescentes y jóvenes lesbianas, gais, transexuales y bisexuales».

La presentación de la encuesta se da pocas semanas después de que el candidato del Partido Popular, Mariano Rajoy, afirmara, sobre la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo, que esperaría a la sentencia del Tribunal Constitucional, aún pendiente, y en caso de ser declarado constitucional escucharía la opinión de los votantes para definir su postura como presidente del Gobierno.

Según los resultados, el 81 por ciento de los jóvenes acepta las relaciones entre varones y un 84 por ciento entre mujeres; el 76 por ciento aprueba el matrimonio entre personas del mismo sexo, el 74 por ciento las operaciones de reasignación sexual en adultos y el 54 por ciento tiene amigos gais.

Además, el 86 por ciento muestra su desacuerdo con la afirmación de que la homosexualidad es una enfermedad, el 81 por ciento no cambiaría la relación si su mejor amigo le dijera que es homosexual y al mismo porcentaje le parecería irrelevante si su profesor lo fuera.

El presidente de la FELGTB, Antonio Poveda, envió un mensaje a Rajoy al asegurar que el 71 por ciento de los votantes del PP acepta el matrimonio entre homosexuales, por lo que pidió a este partido que retire el recurso presentado ante el Tribunal Constitucional contra la ley que lo regula.

Visto en Religión en Libertad.

Zach Wahls y el matrimonio homosexual

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Zach Wahls es un estudiante de 19 años de la Universidad. Todo en Zach conforma una personalidad magníficamente humana, con sólo un defecto para algunos; tiene dos madres. Éste es su discurso sobre la fuerza de su familia en un foro público sobre la resolución conjunta número 6 de la cámara de diputados de Iowa. Dicha resolución plantea la eliminación de las uniones civiles en el estado. Utiliza los argumentos de Wahls siempre que necesites convencer a cualquier contrario al matrimonio homosexual, porque son simplemente irrefutables. Emocionante.

Una boda gay en la edad media gallega

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Varias agrupaciones conmemoran el 950º aniversario del primer matrimonio homosexual celebrado en Galicia. ¿Quién habló de un logro social bajo la hégira de Zapatero?

M.J.A.

Conmemorar el 950º aniversario del primer matrimonio homosexual de la comunidad gallega. Este es el objetivo con el que varias agrupaciones —O Galo y los colectivos Gay de Compostela y BOGA-Lésbicas de Galicia— se reunirán mañana en la cafetería Airas Nunes de Santiago para realizar un recital poético en donde se unirán voces de autores de varias generaciones.

Pese a que la legislación española contempla el matrimonio entre personas del mismo sexo desde el año 2005, lo cierto es que un documento histórico —hallado en el Tombo del Monasterio de Celanova —Ourense— y depositado en el Archivo Histórico Nacional de Madrid— revela que dos hombres gallegos se casaron en el año 1061. Pedro Díaz y Muño Vandilaz eran dos vecinos de la localidad ourensana de Rairiz de Veiga.

Díaz y Vandilaz compartían una vivienda colindante a la iglesia de Santa María de Ordes en esta localidad. Pero el 16 de abril de 1061 dejaron de ser meros compañeros de piso para ser el primer matrimonio homosexual de Galicia y de los primeros de Europa, al menos de los que existan pruebas documentales que los acrediten. La boda contó con la anuencia del párroco.

La historia del primer matrimonio gay gallego se incluye dentro del trabajo de investigación Amigos e sodomitas. A configuración da homosexualidade na Idade Media, elaborado por el filólogo y profesor coruñés Carlos Callón que ganó recientemente el XVI Premio Vicente Risco de Ourense, dotado con 6.000 euros. El jurado valoró que el ensayo «eflexiona sobre la problemática de la homosexualidad masculina y femenina en la Edad Media, partiendo del corpus lírico, particularmente las cantigas de escarnio y de textos historiográficos».

Visto en La Opinión A Coruña.

Larry King y el matrimonio homosexual

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Recibir a un fundamentalista cristiano justo con el tipo de preguntas que van a hacer que se ponga en evidencia él solito. A Larry King nunca le echaremos de menos lo suficiente, sobre todo porque televisión a estas alturas no se hace en el país de uno.

John Shelby Spong y los cristianos a favor de la homosexualidad

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John Shelby Spong es el más admirablemente civilizado y liberal líder religioso en la norteamérica actual y probablemente de todo Occidente. En este emocionante manifiesto proclama el derecho a la identidad sexual de los homosexuales como derecho humano y superior a cualquier intento de discriminación, procedan éstos de las enseñanzas de la Biblia o de la tradición de su propia Iglesia.

John Shelby Spong

He tomado una decisión. No volveré a debatir el asunto de la homosexualidad con nadie de la Iglesia. No volveré a embragar la ignorancia bíblica que emana de tantos cristianos de la extrema derecha cuando citan cómo la Biblia condena la homosexualidad, como si ese punto de vista conservase alguna credibilidad.

No discutiré con ellos, ni siquiera les escucharé cuando dicen que la homosexualidad es «una abominación para Dios» o hablan de que la homosexualidad es un «estilo de vida escogido» o cómo gracias al rezo y al «consuelo espiritual» los homosexuales pueden ser «curados». Esos argumentos ya no se merecen que emplee mi tiempo ni mi energía.

No les daré digindad escuchando los pensamientos de esos que promueven «terapias reparadoras» como si los homosexuales estuviesen de alguna forma rotos y necesitasen ser separados. Y no hablaré con aquellos que piensan que la unidad de la Iglesia puede y debería ser conseguida rechazando la presencia de, o al menos a pesar de la existencia de gente gay o lesbiana.

No me tomaré tiempo para refutar la ignorante e indocumentable afirmación de ciertos líderes religiosos que llaman a los homosexuales «desviados». No escucharé más el pío sentimentalismo que ciertos líderes cristianos siguen utilizando, utilizando una versión de aquella extraña y deshonesta frase que dice que «odiamos el pecado pero amamos a los pecadores». Es una sentencia, he concluido, que no es más que una mentira diseñada para ocultar el hecho de que esa gente odia a los homosexuales y le tiene terror a la propia homosexualidad, pero saben que ese odio es incompatible con el Cristo que afirman profesar. Así que adoptan esta absolutamente falsa proclama para salvar la cara.

No disimularé mi entendimiento de la verdad para pretender que tengo el más mínimo respeto por la abrumadora negatividad que sigue emanando de los círculos religiosos, en los que la Iglesia lleva siglos convenientemente difundiendo sus prejuicios contra negros, judíos, mujeres y homosexuales y haciéndolos pasar por «pía retórica de sonido agradable». Los días de esa mentalidad simplemente han pasado para mí.

Personalmente ni toleraré ni volveré a escucharles. El mundo se ha movido, dejando desnudos esos elementos de la Iglesia cristiana que no se ajustan ni a nuestros nuevos conocimientos ni a nuestra nueva consciencia, perdidos en el mar de su propia irrelevancia. Ya sólo podrán hablar con ellos mismos.

No volveré a intentar detener a los testigos de la integración fingiendo que hay un punto medio entre el prejuicio y la opresión. No lo hay. Cuando se aplaza la justicia, se niega la misma. Que nadie tenga ya escondite. Una vieja canción que hablaba sobre los derechos civiles ya decía que la única elección que tienen los que no se adaptan al nuevo entendimiento es «muévete o nos moveremos por encima de ti». El tiempo no espera a nadie.

En particular voy a ignorar a esos miembros de mi propia Iglesia Episcopal que parecen querer apartarse y formar una «nueva Iglesia» proclamando que este nuevo instrumento intolerante representa la Comunión anglicana. Ese cuerpo eclesiástico está diseñado para permitir seguir existiendo a esos patéticos seres humanos, profundamente encerrados en un mundo que ya no existe, y formar una nueva comunidad en la que puedan seguir odiando a los homosexuales, ofendiéndoles con su desesperada retórica. Siguiendo siendo parte de una hermandad religiosa en la que puedan seguir justificando sus prejuicios homofóbicos el tiempo qu eduren sus torturadas vidas. La unidad de la Iglesia no puede ser una virtud preservada permitiendo que la injusticia, la opresión y la tiranía psicológica queden sin desafío.

En mi vida personal, ya no escucharé debates televisados conducidos por canales ecuánimes que busquen darle a ambas partes en este asunto el «mismo tiempo». Porque ya sé que estas cadenas ya no le dan el mismo tiempo a los partidarios de tratar a las mujeres como si fuesen propiedad de los hombres, o a los de reinstaurar la segregación o la esclavitud. A pesar del hecho de que esas diabólicas instituciones se acercan a su final, siguen citando la Biblia con frecuencia en esos temas. Es el momento de que los medios anuncien que ya no hay dos puntos de vista en lo que respecta a la condición humana de gays y lesbianas. La justicia para los homosexuales no puede estar siguiendo siendo comprometida.

No actuaré más como si la oficina papal tuviese que ser respetada si quien ocupa en la actualidad esa oficina no quiere o no es capaz de informarse y educarse a sí mismo en asuntos públicos sobre los que se atreve a hablar con una vergonzosa ineptitud. No respetaré más el liderazgo del Arzobispo de Canterbury, quien parece creer que un comportamiento maleducado, la intolerancia o incluso sus prejuicios asesinos son de alguna forma aceptables, mientras vengan de líderes religiosos del tercer mundo, quienes más que cualquier otra cosa revelan en ellos mismos el precio que la opresión colonial se ha cobrado de las mentes y los corazones de tan gran parte de la población mundial. No veo forma en la que ignorancia y verdad puedan estar en igualdad de condiciones, ni creo que el mal sea menos mal si puedes citar a la Biblia para justificarlo. Rechazaré como carentes de merecer mi atención las salvajes, falsas y desinformadas opiniones de supuestos líderes religiosos como Pat Robertson, James Dobson, Jerry Falwell, Jimmy Swaggart, Albert Mohler y Robert Duncan. Mi país y mi iglesia ya han perdido demasiado tiempo, energía y dinero intentando acomodar puntos de vista tan anticuados, en un momento en el que no son en absoluto tolerables.

Hago estas sentencias porque ya es el momento de moverse. La batalla ha terminado, y hemos conseguido la victoria. No hay duda razonable sobre cuál va a ser el resultado final de esta lucha. Los homosexuales serán aceptados como seres humanos completos e iguales, merecedores de cada derecho que la sociedad o la iglesia concedan a cualquiera de nosotros. Los matrimonios homosexuales serán legales, reconocidos por el estado y pronunciados como sagrados por la Iglesia. «No preguntes, no digas nada» será desmantelado como política de nuestras fuerzas armadas. Aprenderemos por obligación que la igualdad de cuidadanía no es algo que tenga que ser negociado en referendum. La igualdad bajo y ante la ley es una promesa solemne hecha a nuestros ciudadanos por la propia Constitución. ¿Alguien imagina un referendum para decidir si la esclavitud debe continuar, si la segregación debería ser desmantelada, si las mujeres deben tener derecho al voto? Ha llegado el momento de que los políticos dejen de esconderse tras leyes injustas que ellos mismos han ayudado a forjar. De abandonar ese escudo conveniente consistente en pedir el voto como único derecho de ciudadanía porque no entienden la diferencia entre una democracia constitucional, lo que hay en este país, y una «morbocracia», lo que el país rechazó cuando adopto su Constitución. No dejaremos que nuestros derechos civiles sean decididos por una minoría en plebiscito.

No seguiré actuando como si necesitase el voto mayoritario de un cuerpo eclesiástico para bendecir, ordenar, reconocer y celebrar la vida y el jolgorio de gays y lesbianas haciendo su vida en la Iglesia. Nadie debería volver a ser forzado a sublevar su privilegio de ciudadanía en este país o su pertenencia a la Iglesia cristiana bajo el deseo de un voto mayoritario.

La batalla librada en nuestra cultura y nuestra Iglesia para librar nuestras almas de este prejuicio mortal ha terminado. Se levanta una nueva consciencia. Claramente hemos tomado una decisión. La desigualdad para gays y lesbianas ya no es un asunto discutible, ni en la Iglesia ni en el estado. De ahí, a partir de este momento rechazo dignificar la expresión pública de prejuicios ignorantes discutiendo con ella. No volveré a tolerar racismos ni sexismos. A partir de este momento, no volveré a tolerar ninguna de las variadas formas de homofobia en nuestra cultura. No me importa quién es o quién articula estas actitudes, o quien intenta hacerlas aparecer como dignas usando la jerga religiosa.

He sido parte de este debate durante años, pero las cosas se han asentado, tal y como ocurre con este tema para mí. No volveré a debatir con miembros de la Sociedad para la Tierra Plana tampoco. No debatiré con gente que piense que deberíamos tratar la epilepsia haciéndole un exorcismo al enfermo. No perderé tiempo discutiendo con opiniones médicas que sugieran que hacer sangrar a una persona alivia una infección. No conversaré con quienes piensan que el huracán Katrina fue un castigo de Dios a la ciudad de Nueva Orleans por ser el lugar donde nació Ellen DeGeneres o que los terroristas atacaron los Estados Unidos el 11 de septiembre porque toleramos la homosexualidad, el aborto, el feminismo o las libertades civiles. Estoy cansado de verme implicado por la participación de mi Iglesia en causas indignas del Cristo al que servimos y del Dios cuyo misterio y maravilla apreciamos más cada día. De hecho creo que la Iglesia cristiana no sólo debería pedir perdon, sino castigar a quienes han tratado a la gente de color, a las mujeres, a los gays y lesbianas, y a quienes profesan otras religiones como si fuesen herejes.

La vida sigue. Como dijo el poeta James Russell Lowell hace más de un siglo, «nuevas ocasiones enseñan nuevos deberes, el tiempo hace que lo antiguo parezca ordinario». Estoy listo para reclamar la victoria. A partir de ahora la asumiré y viviré en ella. No estoy dispuesto a discutir sobre ello como si siguiese habiendo dos posiciones compitiendo igualmente válidas. El tiempo para esa mentalidad se ha ido para siempre.

Es mi pastoral y mi credo. La proclamo hoy. Invito a todos a unirse a esta mi declaración pública. Creo que esta lluvia pública ayudará a limpiar a la nación y a la iglesia de su perturbador pasado. Devolverá la integridad y el honor a la Iglesia y al estado. Será la señal de que ha amanecido un nuevo día, y de que estamos listos no sólo para abrazarlo, sino también para regocijarnos y celebrarlo.

Es una pastoral de John Shelby Spong publicada en Walking With Integrity.

Si vas a protestar contra la homosexualidad, cuida tu vestimenta

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¿La homosexualidad, un pecado? ¡Las faldas de pana, esas sí que son un pecado!

Estudiar a los grandes homosexuales en la historia ayuda contra la discriminación

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Un experimento llevado a cabo en una escuela al norte de Londres, Inglaterra, demuestra que enseñar y celebrar la obra de los grandes homosexuales de la historia, relacionándola con las dificultades que tuvieron para llevarla a cabo debido a su condición sexual, elimina en la práctica casi por completo los casos de discriminación homofóbica entre los alumnos.

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Escribí en su día un artículo celebrando la existencia de tantos y tan ilustres músicos cuya condición homosexual es hoy bien conocida, aunque en su momento histórico no pudiese desde luego ser públicamente declarada. Tan ignorante desde luego hay que ser para pensar que la influencia gay en la música empieza y acaba en Freddie Mercury o George Michael como para suponer que la homosexualidad inhabilita de alguna forma para componer música digna de los oídos del Dios que tanto desprecia costumbres sexuales mínimamente más sofisticadas que el coito en la postura del misionero a través del agujerito del canesú.

La lista, desde luego, era apabullante. Samuel Barber, Benjamin Britten, Leonard Bernstein, Karol Szymanowski o hasta el mismísimo Pyotr Ilyich Tchaikovsky —nacido como quien escribe un 7 de mayo, una inocente coincidencia que aún a ratos me emociona recordar—.

Y es que probablemente gran parte del desprecio social por la homosexualidad se deriva del hecho de que ocultemos muchas veces intencionadamente la condición sexual de muchos de los grandes nombres de la historia. Esa condición sexual no debería ser en modo alguno un impedimento para sentir la mayor admiración posible por la obra de seres humanos auténticamente ejemplares, más allá de sus preferencias con los pantalones bajados.

Es lo que han intentado en una escuela del norte de Londres, cuenta Jessica Shepherd para The Guardian, donde han preparado una serie de lecciones dedicadas a personajes históricos de homosexualidad conocida, explicando no sólo su obra sino también las dificultades que tuvieron que superar en su momento para dejar un legado de importancia a pesar de su condición sexual. El experimento lleva funcionando cinco años, y afirman haber eliminado casi por completo los conflictos homofóbicos y el bullying contra los alumnos homosexuales.

El mayor éxito es conseguido contando la historia de Alan Turing. Su papel como analista de los códigos secretos de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial sigue lógicamente fascinando a cualquier ciudadano británico, sea cual sea su edad. A lo que hay que añadir el dramatismo de su historia personal, y su muerte precisamente por la crueldad de los tratamientos que le fueron aplicados tratando de curar su homosexualidad. Pero también son usados como ejemplo los escritores Oscar Wilde y James Baldwin o el mismísimo Andy Warhol.

La Comisión para la Igualdad y los Derechos Humanos británica ha publicado un informe en el que se relata que dos tercios de los estudiantes gays o lesbianas han sufrido bullying homofóbico en su centro de estudios. El 17% ha llegado a recibir amenazas de muerte. Elly Barnes, profesora de música y creadora de la idea, afirma que gran parte de sus alumnos piensan que «ser gay es ilegal en el país».

«Estudiando homosexuales famosos en la historia hemos conseguido cambiar opiniones, incluso muchos alumnos han decidido salir del armario» cuenta Barnes. «Hemos incluso cambiado el lenguaje que se usa en la escuela. Antes oíamos continuamente la palabra gay utilizada como insulto. Pero eso ya no ocurre».

Foto de la estatua de Alan Turing compartida por Kevin Spencer.

El sexo homosexual es sen... sacional

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Hay que tener mucho cuidado preparando los carteles con los que vas a ir a la manifestación. Corres el riesgo de quedar como UN GILIPOLLAS.

Jesús tenía dos padres ¿por qué yo no puedo?

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El derecho a adoptar por las parejas homosexuales ¡está en la Biblia!