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En serio... el tema este... en realidad ¿cuánto tiempo hace que ocurre y nunca hemos sabido nada hasta ahora? Visto en el Tumblr de Mediotic.
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La pregunta que Isaac Newton nunca fue capaz de responder. Visto en 9GAG.
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¿Deberían los homosexuales tener el derecho a adoptar niños? Espera, es una pregunta retórica, ¿verdad? Visto en 9GAG.
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«Dos gays se casan»
«Rusia nos invade»
«La familia como institución se derrumba»
«Los casquetes polares se derriten»
«Armageddon!!!»
Claramente, la única consecuencia de que dos gays se casen es que dos gays se casan.
Una gráfica de GraphJam vista en el Tumblr de Mediotic.
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«Puede que el sitio pareciera atractivo hace 2.000 años, pero comparado ahora con Miami, con las Islas Mauricio, con un fin de semana pagado en Las Vegas... La gente quiere sushi, champagne, masajes... ¡Eso es lo que funciona! ¡No un puñado de nubes!»
Los asesores de Dios intentan convencerle de que el cielo ya no es competitivo.
Viñeta de Wulffmorgenthaler.
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Así que el mundo se termina la semana que viene. Visto en LOL god.
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Steve Fuller
La teoría del Diseño Inteligente, esa última versión del creacionismo científico que desafía la ortodoxia darwiniana en biología, corre el riesgo de ser condenada como mala ciencia pero también como mala teología. Incluso, si esas acusaciones son correctas, la base de nuestra creencia en Dios pero también en la ciencia podría ser irracional. Como mínimo, el Diseño Inteligente sugiere que esas dos creencias son interdependientes. Al menos en eso estoy de acuerdo con ellos, y es la tesis principal de mi último libro, una defensa de la ciencia como «arte de vivir».
La formulación básica del Diseño Inteligente es que la biología es tecnología divina. En otras palabras, Dios es nada menos —y posiblemente nada más— que una versión infinitamente mejor del Homo Sapiens ideal, cuyas características distintivas como especie son el arte, la ciencia y la tecnología. Así, cuando los defensores del Diseño Inteligente proponen que una célula está tan inteligentemente diseñada como una trampa para ratones, lo están diciendo literalmente. La diferencia entre Dios y nosotros es simplemente que Dios es el ser en el que todas nuestras virtudes se concentran de forma perfecta, mientras que en nuestro caso esas virtudes están imperfectamente distribuidas entre los individuos.
Es fácil imaginar cómo esta forma de establecer nuestra relación con Dios va a resultar en disputas académicas, tal y como ha sucedido. Pero el punto básico que sigue siendo radical hoy en día es que lo divino y lo humano son comparables en muchos sentidos importantes. Sin importar la caída de Adán, seguimos siendo una creación «a la imagen y semejanza de Dios». De esta afirmación bíblica se concluye que podríamos ser capaces de desarrollar esas características que nos acercan más a Dios que el resto de los animales. Es la plantilla teológica sobre la que la idea secular de progreso fue forjada durante la revolución científica.
La idea es de un interés que va más allá del histórico, dado que los proyectos científicos que más han impactado en la humanidad presuponen lo que el filósofo Thomas Nagel ha llamado «la visión desde ninguna parte», o «la mente de Dios». Quiero incluir aquí no sólo los descubrimientos de Newton o Einstein que nos permiten comprender el universo en sólo una fracción de lo que jamás seremos capaces de experimentar, sino también la conceptualización de la historia natural mucho antes de que los humanos habitaran el planeta hecha por Charles Darwin. Desde un punto de vista estrictamente evolucionista, no está claro qué ventajas adaptativas hemos recibido de estos conocimientos, como especie cuyos miembros sobreviven apenas unos 75 años.
Por el contrario, la segunda guerra mundial —si no lo hizo ya la primera— demostró el nivel de riesgo global que estamos aceptando tolerar en nombre de la ciencia y la tecnología. Esa idea de fe aún no ha sido vencida. Hoy en día todo lo que pueda pasar por «anti ciencia», ya sean los movimientos New Age o el propio Diseño Inteligente, principalmente reflejan una falta de confianza en las autoridades científicas. No van más allá del hecho de que los primeros reformistas protestantes en realidad fuesen ateos. En todo caso, estos desarrollos —a los que yo llamo Protociencia— reflejan el cada vez mayor deseo de la gente de recuperar en sus manos el control de la ciencia, tal y como hizo la religión en los siglos XVI y XVII. En este contexto, la Internet toma el papel que ya ocupó la imprenta hace cinco siglos.
Mientras sigamos teniendo la sospecha de que la ciencia nos destruirá a nosotros y al planeta, de que investigamos la energía nuclear a pesar de la bomba atómica, o la genética a pesar del Holocausto, de que perseguimos una ciencia social a pesar de que nos lavará el cerebro y anulará nuestra voluntad, estaremos manejando un sentido residual de nuestra cercanía a Dios. De hecho la doctrina cristiana de la providencia, diseñada para asegurar nuestra perseverancia a pesar de las adversidades, es el modelo de esta curiosa y algunos dirían que fe ciega en la ciencia.
Ciertamente es un punto de vista que sólo tiene sentido si Dios está ahí para enseñarnos su obra en la naturaleza, tal y como los apoyos del Diseño Inteligente sugieren, y no si esa deidad es inescrutable o simplemente no existe, como afirman sus oponentes.
En este contexto, el propio Charles Darwin nos dio una lección instructiva. Creía al principio en un Diseño Inteligente, pero abandonó la idea al no poder explicarse las extinciones masivas, los evidentes fallos de diseño y en general cualquier evento monstruoso que se oponen a la idea de una deidad super inteligente, super bondadosa y todo poderosa como faro del progreso humano. Con esta certeza, Darwin se hizo cada vez más pesimista sobre la capacidad de la ciencia para mejorar la condición humana. En cada iniciativa política de base científica tomada en su momento —ya sean la eugenesia, la vivisección, o incluso la contracepción— Darwin tomó la posición más cautelosa, dudando de la eficacia última de esas políticas y alertando de los peligros del pensamiento único. Ya sea religioso o científico. O ambos.
Por supuesto, Darwin podría haber estado en lo cierto sobre esto, pero quizás la ciencia no tendría la importancia que ahora tiene de haber estado de acuerdo con él.
Visto en The Guardian.
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Antes de empezar a medrar en la Iglesia Católica, Joseph Ratzinger era feliz cultivando su propio huerto en los campos de su Baviera natal. Probablemente era mucho más feliz entonces. La foto es un hallazgo de Raúl Bastida.
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Es el problema con ciertos valores, que alcanzan mucho más allá de donde terminan los tuyos. Es una magnífica viñeta de Andrés Diplotti para La pulga snob.
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Y al séptimo día, Dios instaló el Photoshop... Es una viñeta de Mel para Diario de Cádiz.
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Siempre he dicho que somos la única especie cuyos miembros saben que van a morir. No estoy seguro de que sea cierto, por supuesto, dado que alguien ha sugerido que algunos mamíferos, incluso sin tener una idea de su propia mortalidad, al menos entienden que la muerte es algo final y único.
Hace dos años, Natalie Angier de The New York Times escribió sobre este tema cuando le llamó la atención la muerte de un bebé gorila en Alemania cuya madre siguió transportando su cadáver durante días, rechazando entregárselo a sus cuidadores. Angier mencionó el trabajo de Karen McComb y sus colegas demostrando que los elefantes africanos cuidan con cariño los huesos de elefantes muertos e ignoran los de otras especies.
El último número de Current Biology incluye dos notas tanatológicas —tanatología es el estudio científico de la muerte— que sugieren que los chimpancés, nuestros parientes más cercanos, perciben la muerte como algo único. La primera, de Dora Biro et al. se titula directamente Chimpanzee mothers at Bossou, Guinea carry the mummified remains of their dead infants. Los autores informan de que en 2003 una enfermedad respiratoria mató varios chimpancés en una colonia en libertad en Bossou. Dos de los muertos eran niños de 1,2 y 2,6 años de edad. En ambos casos sus madres continuaron transportando el cuerpo de sus hijos muertos durante semanas a pesar de la putrefacción. Las madres continuaron tratando los cuerpos —que eventualmente momificaron— con cariño, cuidándolos y espantando las moscas, así como transportándolos de forma única, abrazando los brazos de los niños muertos entre la cabeza y los hombros de la madre.
Los autores especulan con que las madres sabían que sus hijos estaban muertos:
«Una obvia y fascinante pregunta se refiere al hecho de que Jire y Vuavua entendían que su descendencia había fallecido. En ciertas formas seguían tratando a sus cadáveres como a niños vivos, particularmente en los primeros días tras su muerte. Sin embargo llegaban a entender que los cuerpos estaban inanimados, consecuentemente adoptando técnicas de transporte que normalmente nunca emplean con su descencencia saludable —aunque también se sabe las madres de jóvenes con discapacidades responden adecuadamente—.»
No estoy seguro de que transportar los cadáveres de forma peculiar implique un entendimiento de la muerte, puede que simplemente sea la mejor forma de tratar un cuerpo inanimado que además no huele bien. Pero la cuestión es intrigante.
El segundo informe, Pan thanatology, describe el comportamiento de un grupo de chimpancés cautivos con uno de sus miembros, una hembra de 50 años de edad llamada Pansy que murió pacíficamente. Tras describir su comportamiento, los autores reiteran paralelismos con el comportamiento humano:
«Durante los últimos días de Pansy todos fueron amables y atentos con ella, y alteraron sus acuerdos de anidamiento —respeto, cuidado, anticipación—. Cuando Pansy murió parecían estar buscando signos de vida inspeccionando cuidadosamente su boca y manipulando sus miembros —buscando pulso o respiración—. Poco después el macho adulto atacó a la hembra fallecida, probablemente intentando reanimarla —un intento de resucitación—. Estos ataques podrían también expresar ira o frustración —negación, sentimiento de ira contra la muerte—. La hija adulta permaneció velando el cadáver de la madre durante la noche, mientras que Blossom atendió a Chippy —su hijo— durante gran tiempo —consuelo, apoyo social—. Los tres chimpancés cambiaron de postura frecuentemente durante la noche —sueño inquieto—. A la mañana siguiente eliminaron la paja del cuerpo de Pansy —limpiendo el cadáver— y durante semanas después del fallecimiento permanecieron calmados, letárgicos, comiendo menos de lo normal —profunda pena, luto—. Evitaron dormir en su sitio habitual durante algunos días —dejando intactos objetos y lugares asociados con el muerto—.»
Me resulta antropomórfico pero no excede los límites de la especulación informada. De hecho la BBC informó de que los chimpancés sienten la muerte como los humanos y por supuesto al menos lo parece. El enlace de la BBC incluye un vídeo de la muerte que desafortunadamente no es accesible desde otros lugares. Si no se dispone de un ejemplar de Current Biology, pueden verse los dos vídeos aquí, incluyendo al macho atacando el cuerpo de Pansy. ACTUALIZACIÓN: Los vídeos están ya en YouTube y han sido incluidos debajo.
Lo que pierde el titular de la BBC es el hecho ineludible de que incluso si observamos en otras especies comportamientos similares a los nuestros, nunca entenderemos qué sucede en la consciencia de los chimpancés. ¿Están realmente apenados? No lo sabremos hasta que enseñemos a los chimpancés a comunicarse en una forma sofisticada con los humanos o, más fácilmente pero menos útil, observemos similaridades en la actividad cerebral evocada cuando sucede una muerte.
Aunque para muchos ateos nuestro conocimiento de la muerte es una bendición que nos hace darnos cuenta de lo efímero de la vida y de que deberíamos vivirla al máximo, yo lo veo como una maldición. Hace falta una buena dosis de coraje para encarar el hecho de que algún día perderemos todo lo que tenemos. Pocos de nosotros nos igualamos a Socrates en lo de aceptar nuestra mortalidad de forma ecuánime. Sí, nuestra consciencia se pierde cuando morimos y sí, no agonizamos sobre nuestra ausencia de la escena antes de haber nacido. Pero yo elegiría ser inmortal. O al menos piadosamente ignorante de mi finitud.
Visto en Why Evolution is True vía The Richard Dawkins Foundation.
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Eduardo Robredo
Nadie como el misionero simboliza el valor del humanismo heroico, del altruísmo indiscutible basado en las convicciones místicas, opuesto con frecuencia a la brutalidad y la inhumanidad de los conquistadores, los colonizadores, los capitalistas. Y nadie como Agnes Gonxha Bojaxhi —«Teresa de Calcuta», beatificada en 2003— para reunir el entusiasmo por la santidad, incluso entre las personalidades «laicas» occidentales. El aura de beatitud es tan poderosa que cualquier insinuación crítica parece casi tabú.
Pero en la misma India no todos comparten el fervor. Sanal Edamaruku —presidente de la Indian Rationalist Association; una asociación escéptica y racionalista con más de 100.000 afiliados— se queja, en la línea de Christopher Hitchens, de que Madre Teresa «ha dado un mal nombre a Calcuta, pintando a la bella metropolis india, interesante, vialista y culturamente rica, con los colores de la suciedad, la miseria, la desesperanza y la muerte.»
La realidad es, sin embargo escandalosa. En las casas pequeñas, superpobladas y primitivas, muchos pacientes tienen que compartir la cama con otros. Aunque hay muchos que sufren tuberculosis, SIDA y otras enfermedades muy contagiosas, la higiene no preocupa. Los pacientes son tratados con buenas palabras y medicinas insuficientes —y a menudo caducadas—, aplicadas con viejas agujas, lavadas en agua turbia. Se pueden escuchar los gritos de la gente con terribles heridas abiertas sin que su dolor sea aliviado. De acuerdo con los principios, los analgésicos fuertes no se suministran ni en los casos más graves. Según la extraña filosofía de la Madre Teresa, «partitipar en los sufrimientos de Cristo es el regalo más hermoso que puede recibir una persona». En una ocasión intentó tranquilizar a un paciente que sufría a gritos de este modo: «Estás sufriendo; esto significa que Jesús te está besando». El hombre enfureció y respondió gritando: «Entonces cuenta a tu Jesús que deje de besarme».
STOP The Missionaries of Charity aporta más información desde su grupo en Facebook. Este es el aspecto que presentaría, de acuerdo con esta página web, la «casa de los moribundos» dirigida por misioneros en Calcuta, una asociación que recibe millones de dólares cada año:
Visto en La revolución naturalista.
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Es sólo una malvada ilusión óptica. Pero el efecto es devastador. Visto en el Tumbrl de Mediotic.
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Richard Dawkins es el nuevo Timbaland. ¡O el nuevo Jordi Hurtado! Visto en el canal de AndreMijail en YouTube.












