¿Es ser humanista simplemente ser ateo?

Tom Flynn

Sam Harris


Sam Harris dejó caer la bomba en una convención atea reciente al sugerir que todos los que abrazan la etiqueta ateo «están consintiendo ser vistos como parte de una subcultura maniática». En el último Free Inquiry, una autoridad nada menos que del nivel de Paul Kurtz se mostraba de acuerdo, al avisar a los humanistas seculares sobre las consecuencias de «aceptar la etiqueta de ateo». ¿Pueden los humanistas seculares elegir si aceptan o rechazan la «A» de ateo?

¿QUÉ ES EL ATEISMO, AL FIN Y AL CABO?

Paul Kurtz


Ateísmo tiene varios significados. En la definición de Michael Martin para el Cambridge Companion to Atheism, se distingue entre ateísmo positivo, o la firme convicción de que no existen deidades, y el ateísmo negativo, o simple ausencia de creencia en dios alguno. En varios escritos, Paul Kurtz se ha hecho eco de la dicotomía de Martin, proponiendo una distinción entre ateísmo y noteísmo (...) En nuestras respectivas enciclopedias para no creyentes, Gordon Stein y yo hemos discutido una definición de ateísmo más cercana al ateísmo negativo de Martin: La simple ausencia de creencia en dioses. Esto refleja las raíces grietas de la palabra, a-theos, literalmente sin dios. Stein y yo hemos encontrado perverso que el ateísmo real deba requerir algún tipo de certidumbre en la no existencia de dios, algo que en sí mismo aparentaría ser un tipo de fe.

Al final, esta controversia no tiene significado. Si buscamos un futuro en el que los no religiosos pueden entrar también en la cultura de la diversidad aceptable, importa menos qué etiqueta preferimos para caracterizarnos que las etiquetas que aquella cultura va a utilizar para caracterizarnos. Nos guste o no, la mayor parte de la gente asocia nuestra visión del mundo con una etiqueta sencilla, que es ateos.

He hecho apariciones como humanista secular activista durante quince años, y muchas veces se ha producido este intercambio:

REPORTERO: ¿Es usted ateo?

YO: Me refiero a mí mismo como humanista secular. No creemos en lo sobrenatural y preferimos utilizar la razón, la compasión y los métodos de la ciencia para construir una vida aceptable mientras la nuestra dure.

REPORTERO: Pero es usted ateo, ¿no?

Resulta imposible evitar la palabra «A». Si lo intento, acabo no hablando de otra cosa. Así que ahora manejo la pregunta de otra forma.

REPORTERO: ¿Es usted ateo?

YO: Sí, pero ese es sólo el principio.

Después de eso, mis posibilidades de contar algo sobre el humanismo secular suelen ser buenas. ¿Por qué las cosas funcionan así?


  1. Un humanista secular es ateo. No un ateo cualquiera, como veremos ahora. Pero cuando un ciudadano cualquiera nos coloca la etiqueta «A» encima, se queda bien pegada.

  2. La gente de la calle dispone de respuestas poderosamente negativas y en gran parte irracionales hacia el ateísmo. Con seguridad esta es una forma de fanatismo. Pero mientras se produzca, el ciudadano medio podría ser incapaz de responder racionalmente a las partes de nuestra agenda humanista que tienen menos que ver con el ateísmo, como son la autonomía de la ética, la aplicación del método científico a los problemas sociales y morales, y la defensa de los derechos humanos universales.


Respecto al segundo punto, podría parecer sabio por parte de muchos humanistas seculares distanciarse a sí mismos del ateísmo, tal y como Harris o Kurtz han recomendado. El problema está en el primer punto: Cualquiera puede ver con claridad que el humanismo secular es una variante del ateísmo. No importa el esfuerzo que dediquemos a excluir el ateísmo de la discusión, no podemos, y cuando lo intentamos y fallamos, se nos queda esa cara.

ENTONCES, ¿QUÉ ES UN HUMANISTA SECULAR?

Coje el conjunto de todos los ateos, cualquiera que no crea en dios ni en lo sobrenatural. Son muchos. Algunos son nihilistas, rechazando no sólo a dios sino a la propia idea del bien. Déjalos a un lado. Lo mismo con los relativistas que piensan que alejado dios, todo es factible. Los subjetivistas que piensan que la idea del bien de cualquier persona es tan aceptable como la de cualquier otra. Los marxistas del sector duro que pretenden un sistema dogmático simplemente inhumano. Te quedarás con un pequeño conjunto de ateos que no creen en dios ni en lo sobrenatural, pero que creen que la bondad y la excelencia pueden ser identificadas objetivamente, que piensan que la razón, la compasión y el método científico son las herramientas más poderosas para construir el paraíso en esta vida. Bienvenido: Nos has encontrado, a los humanistas seculares, la minoría dentro de la minoría atea que tiene el programa más comprensible y afectivo para forjar buenas vidas en un universo que resulta no haber sido creado por una deidad.

Como se dijo al principio, los humanistas seculares somos ateos, pero eso es sólo el principio.

EL PROBLEMA CON EL ATEÍSMO

Si estoy en lo cierto al sugerir que los humanistas seculares no pueden evitar ser etiquetados como ateos, deberíamos ser honestos con nosotros mismos al considerar qué problemas nos ocasiona. El ateísmo aterroriza al ciudadano medio. Le horroriza la idea del vacío vital en un cosmos sin creador y las consecuencias de la ausencia de dios en su moral. El ciudadano medio interpreta cualquier ateísmo, positivo o negativo, como ateísmo positivo del duro. Muchos sienten miedo de imaginar cómo de horrible sería —piensan ellos— perder la propia fe. Empapados por esta repulsión, pocos oirán lo que tenemos que decirles sobre las cosas aparte del ateísmo que un humanista secular defiende. Tan malo como es esto, esto es sólo fanatismo, y no es posible resistirse.

Desde mi punto de vista, los humanistas seculares necesitan —tanto como quienes simplemente se definen como ateos— que cambien las actitudes públicas hacia el ateísmo. Dado que el ciudadano medio tiende a interpretar cualquier noteísmo como ateísmo positivo, necesitamos en concreto liberar de estigmas el lado más radical del ateísmo positivo. ¿Imposible? Podría ser que no. Sólo hace décadas, otra minoría ya tuvo que idear la forma de dejar de ser el grupo más odiado y temido —más que los ateos— y pasar a ser aceptados públicamente. Como hemos escrito antes, podemos aprender mucho del éxito de gays y lesbianas.

LO QUE GAYS Y LESBIANAS HAN CONSEGUIDO

¿Piensas que los ateos lo llevamos mal? Hace cuatro décadas, a cualquier homosexual declarado se le negaba un empleo, se le cerraban las puertas de la alta educación, y se les expulsaba de sus familias. Era una forma de diversión habitual para los jóvenes salir a tomar unas cervezas y después buscar un par de maricones a los que pegar.

Entonces era la homosexualidad lo que aterraba a los ciudadanos. Retraía la simple idea de la atracción hacia alguien del mismo sexo, reservándose el mayor disgusto hacia la de su sexualidad abierta. El fanatismo antigay y antiateo tiene muchos paralelismos. En parte porque tanto la homosexualidad como el ateísmo son orientaciones afectivas, estados mentales sin claras explicaciones físicas. Como los gays, los ateos pueden salir y volver al armario según elijan. Por la misma razón, ningún fanático es inmune a la condición que odia. Un racista blanco no puede levantarse negro una mañana. Pero cualquier antigay puede llegar a experimentar una inesperada atracción hacia alguien de su mismo sexo, así como cualquier antiateo puede llegar a tener dudas. Gran parte de la furia de estos fanáticos refleja en realidad su miedo a convertirse en aquello que odian.

Dada la opresión de hace cuarenta años, impresionan los cambios que el activismo gay han traído. El «amor que no se atreve a pronunciar su nombre» ahora es comedia televisiva. El matrimonio gay está legalizado en ciertos países. Pocos miran dos veces si dos chicos se besan en una fiesta. ¿Cómo lo ha hecho el lobby gay? Desde luego no evitando el tipo de cosas que molestaban al ciudadano medio, sino encarándolo de frente. Mucho activismo gay celebraba precisamente el tipo de cosas que más molestaba, desde el erotismo gay hasta la propia palabra maricón, y confrontando repetidamente las sensibilidades del ciudadano medio con ejemplares de su sexualidad que precisamente representaban los estereotipos más negativos.

Y funcionó.

Treinta años después de empezar a rechazar quitar de enmedio las pequeñas cosas que hacían diferentes a gays y lesbianas han transformado nuestra cultura, desde «vamos a pegar a unos maricones» hasta «¿me prestas el DVD de la marcha del Orgullo Gay?»

Si el activismo de gays y lesbianas desestigmatizó la palabra «M» e hizo que cualquier ciudadano pudiera mostrarse neutral sobre la sexualidad gay, imagínese de qué forma un activismo similar por parte de ateos y humanistas seculares podría desestigmatizar también la palabra «A» y ayudar a que cualquier ciudadano acepte a quienes vivimos sin un soporte invisible.

Richard Dawkins


Cuando partidarios como Richard Dawkins llaman a los ateos a salir del armario, están llamando también a los humanistas seculares.

Una vez finalicen los estigmas del ateísmo, incluyendo el positivo, empezaremos a encontrar ciudadanos normales más dispuestos a comprometerse con nosotros en aquellas partes de nuestra idea de vida que encuentren más inspiradoras. Pero primero hay que acabar con el fanatismo antiateo. Tenemos la estrategia, y nos acompañan los números. Los malentendidos sobre la palabra «A» no deben distraernos de lo que realmente debe hacerse.

Why The "A" Word Won't Go Away

El subrayado es propio.



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Publicado por Ismael el a las 10:21
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El 3 de marzo de 2008 22:46, Blogger Fernando G. Toledo escribe...

Dice Kurtz:
"Stein y yo hemos encontrado perverso que el ateísmo real deba requerir algún tipo de certidumbre en la no existencia de dios, algo que en sí mismo aparentaría ser un tipo de fe"

No estoy de acuerdo con eso para nada. Y justamente me ubico entre los que afirman que quienes tienen una especie de "certeza negativa" (el llamado "ateísmo débil") o se consideran agnósticos, no saben lo que dicen. Pero esto no tiene que ver con la fe religiosa, en el sentido de una especie de "contrafe" ("fe en que Dios no exista"). Al contrario, surge de la constantación no ya de que Dios no existe, sino que no puede existir, simplemente porque la de Dios es una pseudoidea. Si la idea de Dios fuera coherente (esto es, si su esencia fuera posible, o sea, fuera posible el ser necesario personiforme de la ontoteología cristiana y de otros monoteísmos), sería convertirse en los insensatos de los que hablaba Anselmo al no creer en Dios. Porque no se podría negar al "ser necesario" si este fuera identificado con Dios. Por eso es que los que dicen que "no tienen pruebas de que Dios exista" pero consideran posible que exista, sin saberlo están errando. En cambio, un ateo esencial total (es decir, el que niega la esencia del dios "terciario", el de los monoteísmos, el de Aristóteles, el de los deístas, etc.) es el que puede saber con certeza racional (sin fe) que como la "idea" de Dios es absurda, Dios no existe como no existe el círculo cuadrado. ¿O alguien diría que no cree en el círculo cuadrado sólo porque no puede probar su inexistencia?

 
El 4 de marzo de 2008 1:49, Blogger Pensamiento libre escribe...

Fernando: personalmente me considero agnóstico, y creo que el punto no es así. Siempre habrá ateos y agnósticos sin fundamentados, pero creo que es una decisión epistemológica ser lo segundo. Entiendo tu punto con el círculo cuadrado y lo mismo podríamos decir de las hadas o los pitufos. El agnosticismo cierra en todo caso un conjunot esceptico mucho mayor, en donde no hay necesidad de negar la existencia de dios ni de las hadas ni de ninguna otra entidad imaginaria.

De todos modos creo que este tipo de debates son una perdida de tiempo. La lucha es o debe ser contra el pensamiento irracional y dogmático.

 
El 4 de marzo de 2008 21:43, Blogger Fernando G. Toledo escribe...

Pensamiento libre:
Yo creo que la lucha debe ser por la razón, no por la fuerza, para decirlo en fórmula célebre. Y "pelear desde la razón" implica no recaer en los errores de los contrincantes, ni siquiera epistemológica o gnoseológicamente. En este sentido, si admitimos la posibilidad de la idea de Dios, deberemos aceptar su existencia. Desde mi ateísmo, niego la existencia de la idea de Dios. El caso de las hadas y los pitufos como entes "realmente existentes" (fuera de su "existencia ficcional") es un asunto diferente, más cercana a la de los dioses secundarios, finitos (como los olímpicos). Uno puede inspeccionar el jardín o el bosque, todos los bosques del mundo, exhaustivamente, para cotejar si hay allí hadas o no. Son (serían) seres contingentes, que pueden estar o no (como la tetera de Russell). Bastaría con una prueba empírica para tal cosa. Lo mismo para Zeus: subamos al monte Olimpo y veremos que no está allí.
Creo que uno de los principales puntos de partida es no recaer en la metafísica de los otros si no queremos pensar metafísicamente (y estoy usando el sentido peyorativo de la palabra metafísica).
El agnosticismo, como digo, no es una postura coherente si seguimos este hilo, como no lo sería un escepticismo radical. El "escepticismo racional", por llamarlo de algún modo, debe ser algo así como dudar de lo que es razonable dudar, no de las certezas (tanto de existencia como de inexistencia).

 
El 5 de marzo de 2008 9:58, Blogger Ismael escribe...

A los dos gracias por una discusión a este nivel en mi humilde bitácora... ;)

 
El 16 de enero de 2009 9:16, Blogger FJLG escribe...

Encuentro que esta discusión entre el connotado escéptico Michael Shermer y los ateístas militantes dogmáticos parece haber permeado positivamente en algunos pensadores como Kurtz y Harris:

Búsqueda Unitaria: Michael Shermer: Por un ateismo racional

En cuanto a lo que sostiene el compañero Fernando G. Toledo, considero que su posición se puede replantear si dejamos de aceptar la definición convencional de 'religión' creada para el autoconsumo de las iglesias hegemónicas convencionales. Si investigamos incluso el origen de la palabra 'religión' descubriremos que no es lo substancial de ese término centrarse en un culto a presuntas deidades sobrenaturales. Propongo a su consideración esta reflexión mía:

Búsqueda Unitaria: ¿Qué es y de dónde viene 'religión'? Rechacemos etimologías espurias

Saludos noteístas

 

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