La media hostia ahora es Scientia Futura

Imagine no religion

Publicado por Ismael

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Edgar Dahl

Incluso tras la caída del Muro de Berlín en 1989, se les encuesta habitualmente tanto a los alemanes occidentales como a los orientales su actitud ante la religión. Cuando se les pregunta sobre si creen en Dios, la mayor parte de los alemanes occidentales simplemente responden diciendo: «No, soy perfectamente normal».

Una respuesta que debe resultarles sorprendente a la mayor parte de los americanos. Después de todo, se presume que hay algo anormal en la creencia en Dios. Como si ya hubiesen crecido leyendo El Espejismo de Dios de Richard Dawkins, los alemanes occidentales consideran a los creyentes extraños, grotescos o incluso locos.

Habiendo nacido yo mismo en Alemania Oriental, puedo fácilmente identificarme con esta actitud. Contra lo que muchos americanos parecen pensar, nadie nos ha hecho crecer siendo hostiles hacia la religión. En realidad es algo mucho peor; hemos crecido de forma total e inseparablemente indiferente hacia la religión.



Los domingos por la mañana, mientras los niños americanos iban a la Iglesia, nosotros íbamos al cine. Me recuerdo disfrutando de la Cleopatra de Joseph L. Mankiewicz, de La Caída del Imperio Romano de Anthony Mann, o riéndome a carcajadas con La Carrera del Siglo de Blake Edwards o Con Faldas y a lo Loco de Billy Wilder.

Un día —debía tener unos diez años— llegué tarde para ver El Jorobado de Notre Dame de Jean Delannoy, con el fabuloso Anthony Quinn y la bella Gina Lollobrigida. Decepcionado por perderme la película, me dirigí a casa, pasando junto a la Catedral de San Pablo. Como tenía tiempo libre, decidí entrar a la Iglesia. Había unas 15 o 20 personas, todas de más de 60 años. El holor a humedad, las morbosas pinturas, y el salvador sangrando clavado en la cruz me hicieron sentir ansiedad.

Aún así, para ver lo que hacían, me acerqué un poco. Parece que estaban celebrando la Eucaristía. Reunidos alrededor de un altar, se pasaban un cáliz y un platillo pidiéndose los unos a los otros «comer el cuerpo y beber la sangre del Señor». Me estremecí. ¿Cómo puede alguien comer la carne y beber la sangre de otra persona? ¿Qué clase de personas son éstas?

Volví corriendo a casa, y le pregunté a mi madre sobre la gente de la Iglesia. Me dijo «son cristianos. Creen en Dios y en Satán, en el cielo y en el infierno. Mis padres también eran religiosos. Mi padre era judío y mi madre católica. Como los nazis les mataron cuando yo solo tenía tres años, no me enseñaron nada sobre sus religiones». Intentando cambiar de tema, añadió «no importa, no es asunto nuestro».

Por aquella época vi por primera vez La Semilla del Diablo de Roman Polanski en televisión —en un canal de la Alemania Occidental, por supuesto—. Más tarde me enteré de que la película no describía a cristianos, sino a satánicos. Aún tan pequeño, no veía ninguna diferencia. Para mí, ambos eran gente grotesca, creyendo cosas grotescas y haciendo cosas aún más grotescas. Alguien podría decir que simplemente yo era demasiado joven para ver la diferencia entre dos cultos en realidad distintos. Pero este es exactamente mi argumento. Eso sólo prueba hasta qué punto estaba libre de prejuicios. Debe ser que veo a los cristianos como los ve un hindú. O, para el caso, como un cristiano ve a los hindús, esas almas perdidas y atormentadas que rezan a un cielo repleto con cientos de dioses.

Puede sonar extraño, pero hasta los 12 años no conocí a un cristiano en persona. En sexto curso, la hija de un sacerdote se unió a clase. Aunque resultó ser una bellísima persona, recuerdo que me incomodaba hablar con ella. Después de todo, consideraba a los religiosos como gente mística que afirma estar en contacto con dioses, demonios, y otros personajes que nadie ha visto nunca.

Habiendo crecido como ateo puede resultar sorprendente que, como estudiante, me interesara no sólo la filosofía sino también la teología. Fue la película de Ingmar Bergman El Séptimo Sello y la novela de Fyodor Dostoevsky Los Hermanos Karamazov las que hicieron que me interesara por la religión a los 16 años. Además, estudiar teología reforzaba mi educación en humanidades. Tuve que aprender Hebreo, Griego y Latín, y también filosofía, psicología y pedagogía, además de historia del arte y política.

Leer a Anselmo de Canterbury, a Tomás de Aquino o a William de Ockham, sin embargo, no cambió mis opiniónes. Aún soy un ateo que cuestiona la existencia de Dios. Aunque admito que hay razones entendibles para la creencia en un Creador, ninguna de esas razones me parece persuasiva, por no decir convincente.

Toma como ejemplo el Argumento Ontológico para la Existencia de Dios. Según este argumento, Dios es «lo más grande que es posible concebir». En otras palabras, Dios tiene todas las perfecciones posibles. En conocimiento, en poder, en virtud. De ahí que, si es perfecto, continúa el argumento, debe existir. Porque si no existiera, no sería perfecto.

Immanuel Kant ya hizo notar que este argumento es falaz. Desde luego que para que una existencia sea perfecta debe tener ciertas propiedades, como la omnipotencia o la omnisciencia. Pero eso no significa que deba existir. Después de todo, la existencia no es una propiedad. La definición de Dios sólo puede decirnos qué clase de ser debería ser. Si realmente existe, sin embargo, es un tema completamente distinto que no puede ser liquidado por una mera definición.

Otra prueba famosa es el Argumento Cosmológico para la Existencia de Dios. Todo lo que existe, se dice, tiene una causa. Pero si todo tiene una causa, el propio Universo ha de tenerla. Esa causa es Dios. ¿Es convincente? No. Si todo tiene una causa literalmente Dios ha de tenerla. Y si Dios tiene una causa, esa causa ha de tener también una causa. Y así hasta el infinito.

Los apologistas de la religión pueden notar que el argumento cosmológico no es sensato, así que lo reformulan afirmando que todo tiene una causa excepto Dios. El propio Dios no tiene causa. Es una causa sui, una causa en sí y para sí mismo. Esto resulta aún más vulnerable. Si la premisa es cierta, la conclusión no puede serlo. Si la conclusión es cierta, la premisa es falta. Si todo tiene una causa —la premisa— entonces Dios debe tener una causa. Si Dios no tiene una causa —la conclusión— entonces es obviamente falso que todo debe tener una causa.

Supongamos por un momento, sólo por intentar aceptar el argumento, que tenga sentido el extraño concepto de la causa sui. Si puede haber algo que no tenga causa alguna, nos vale tanto el Universo como Dios —N. del T.; Bertrand Russell refutaba así el argumento cosmológico—. De ahí que por mucho que lo intentemos, el argumento cosmológico tampoco es convincente. Después de todo, incluso si lo fuese, no probaría lo que presume de poder probar. Todo lo que el argumento cosmológico puede probar es la existencia de una primera causa. No es aún así razonable que dicha primera causa sea el amoroso Dios de la Cristiandad.

Probablemente el intento más popular de probar la existencia de Dios sigue siendo el Argumento Teleológico. Las estrellas en el cielo, los árboles del bosque, los animales en la selva. Todo parece comportarse de forma ordenada. ¿De dónde viene este orden? Debe proceder de un diseñador inteligente. Este diseñador es Dios. Tan potente como pueda parecer el argumento, ciertamente no es concluyente. David Hume ya apuntó hacia que el hecho de que algo parezca diseñado de ninguna manera implica que realmente lo haya sido. Más aún, la Teoría de la Evolución de Charles Darwin proporciona una explicación alternativa para la existencia de orden en la naturaleza. Procede de una adaptación por selección natural.

Lo cierto es que no todo es orden en el mundo, hay una buena cantidad de desorden. Cualquiera que haya visitado un hospital y haya visto a los pacientes en neonatal, oncología o psiquiatría probablemente tendrá dudas sobre la benevolencia de ese diseñador celeste. Lo que nos lleva a la más poderosa objeción hacia el Dios de los cristianos. El Mal.

Nadie ha explicado el problema del mal mejor que Epicuro. «¿Desea Dios acabar con el mal pero no es capaz? Entonces no es Omnipotente. ¿Es capaz pero no lo desea? Entonces no es benevolente. ¿Es capaz y lo desea? Entonces, ¿por qué existe el mal?» La respuesta cristiana tradicional sobre el problema del mal es que simplemente tenemos lo que merecemos. Tú, yo, y ese pequeño inocente niño nacido con una enfermedad terrible como la epidermolysis bullosa merecemos sufrir porque somos pecadores. Concebidos y nacidos en pecado.

Una respuesta adecuada a esta intolerable afirmación excedería el espacio que me ha sido concedido. Así que simplemente nos centraremos en un problema ya apuntado por Darwin; el dolor y el sufrimiento innecesario de los animales inocentes.


«Nadie discute que hay demasiado sufrimiento en el mundo. Hay quien intenta explicarlo en lo referente al hombre imaginando que le sirve para mejorar moralmente. Pero el número de seres humanos en el mundo es insignificante comparado con el del resto de seres vivos, y todos ellos sufren sin posibilidad de mejorar moralmente. Un ser tan poderoso y tan repleto de conocimientos como Dios puede crear un Universo, mostrarse a nuestras mentes como omnipotente y omnisciente, y deformar nuestro entendimiento para que su benevolencia aparezca ilimitada. ¿Qué ventaja supone eso para millones de animales que sufren desde el inicio de los tiempos?»


Uno de los documentales más devastadores que nunca he visto figuraba en un programa sobre historia natural de David Attenborough. La filmación muestra la migración circular de más de un millón de animales por el Serengeti. Para alcanzar las planicies al sur, deben cruzar el río Mara, repleto de cocodrilos. Así que, para poder cruzar el río, literalmente cientos de ñus han de ser asesinados despiadadamente. Algunos consiguen escapar, sólo para ser devorados vivos por los leones que esperan en la orilla. ¿Qué clase de Dios, me pregunto, crearía esta naturaleza de garras y dientes?

Después de graduarme decidí especializarme en las cuestiones éticas derivadas de las nuevas técnicas médicas y biológicas. Gracias a una invitación de Helga Kuhse y Peter Singer me uní al Centro para la Bioética Humana en la Universidad Monash en Melbourne, Australia. En esa época pensé que nunca tendría que enfrentarme más con asuntos religiosos. Estaba obviamente equivocado. Anticoncepción, aborto, inseminación artificial, fertilización in vitro, diagnóstico genético previo a la implantación, selección de sexo, clonación reproductiva. Literalmente no existe asunto bioético alguno sobre el que la Iglesia Católica no haga comentarios.

En sí mismo esto no debería tener nada de malo. Hay clérigos claramente capacitados para opinar sobre asuntos morales de urgencia. Hay sin embargo algo peculiar en las sentencias de la Iglesia. Resulta que una afirmación religiosa presume de estar basada en una autoridad superior a las de las afirmaciones seculares. Remarco que no sólo los cristianos, sino incluso muchos de sus oponentes, les conceden a los líderes religiosos una forma de superioridad moral. Se tiende a creer que los teólogos son en sí mismos expertos en asuntos éticos.

¿Y eso por qué? La respuesta es obvia. La mayor parte de la gente consideran de forma indisoluble religión y ética. Aún más, se cree que la religión es el fundamento de la ética, y que sin teología no hay moralidad.

¿Por qué me parece esto destacable? Es destacable porque no es cierto. De hecho es tan descaradamente falso que uno se pregunta cómo es posible que esta creencia sobreviva en tiempos donde manda la razón. No estoy seguro, pero supongo que la creencia en que la ética está basada en la religión es el resultado de dos milenios de doctrina Cristiana. Casi cada niño crece pensando que las reglas morales proceden de los Diez Mandamientos del Antiguo Testamento. La idea de que normas morales del tipo «no matarás» o «no robarás» son de naturaleza religiosa están tan imbuídas en la mente de un niño que nunca llega a cuestionárselo, incluso ya como adulto.

La Iglesia realmente da la bienvenida a la afirmación de que la religión es la base para la ética. Y alimenta esta creencia levantando su dedo y proclamando un desastre social si no volvemos al albor de la Iglesia y reconocemos u autoridad morlal. Así, el Cardenal Joseph Ratzinger, más conocido ahora como Papa Benedicto XVI, nos alertaba de una inminente «dictadura del relativismo» si dábamos la espalda a Dios. Seríamos entonces incapaces de distinguir el bien del mal.

La idea de que la religión es la piedra angular de la ética está ilustrada por la así llamada Teoría Ética de la Orden Divina. De acuerdo con esta teoría, distinguir el bien del mal es sencillo. El Bien es lo que Dios aprueba, y el Mal lo que Dios desaprueba. Como Dios aprueba la fidelidad y desaprueba la infidelidad, la fidelidad es buena y la infidelidad es mala.

Es una teoría, sin embargo, muy defectuosa. Ya hizo notar el filósofo griego Sócrates hace más de dos mil años que quienes apoyan esta teoría se enfrentan a un dilema ineludible. El dilema lo presenta una simple e inocente pregunta. «¿Es la caridad buena porque Dios la aprueba, o Dios la aprueba porque es buena?»

Si alguien responde que la caridad es buena porque Dios la aprueba, ha de aceptar que si Dios aprobase la crueldad y no la caridad, la crueldad sería lo bueno y la caridad lo malo. Dado que no pueden concebir a Dios como un legislador abritrario por completo, debería añadir, «bien, pero Dios nunca aprobaría la crueldad porque Dios es bueno». Una respuesta que no elimina los problemas, sino que los agrava. Después de todo, ¿qué quiere decir que Dios es bueno? Si lo bueno es lo aprobado por Dios, «Dios es bueno» sólo significa que Dios se aprueba a sí mismo. Una afirmación vacía. En otras palabras, esta teoría reduce a arbitrarios los designios de Dios y elimina la doctrona de que Dios es bueno de forma tautológica.

La única forma de evitar esta conclusión inaceptable es decir que «la caridad no es buena porque Dios la apruebe. Dios la aprueba porque es buena». De ahí, si la caridad es buena porque alivia el sufrimiento humano y reduce la miseria en el mundo, ya tenemos un buen motivo para que Dios la apruebe. Es una respuesta mucho más razonable. Podemos incluso, basándonos en esta respuesta, conservar la doctrina de que Dios es bueno.

Pero quienes usan esta respuesta se enfrentan a un dilema. Al decir que Dios aprueba la caridad porque es buena, se admite que hay un estándar sobre lo bueno y lo malo que es independiente de Dios. Si no es la aprobación por parte de Dios lo que hace que algo sea bueno o sea malo, más bien son las consecuencias sobre la humanidad las que hacen que algo sea bueno o sea malo. De ahí que quienes eligen esta opción, virtualmente abandonan su concepción teleológica de la ética y conceden que no necesitamos a Dios para distinguir lo bueno de lo malo. En lugar de volvernos hacia Dios para decidir lo que es bueno y lo que es malo, mejor utilicemos nuestros propios estándares definitivos.

Las implicaciones del argumento de Sócrates son evidentes. Contra lo que los líderes religiosos afirman, la ética no está basada en la religión y la moralidad es independiente de la teología. De ahí que los teólogos morales no tengan mejores afirmaciones sobre la verdad moral que los filósofos morales, o que cualquier otra persona que abrace las reglas que la propia humanidad se ha concedido para mejorarse.

Uno de mis primeros motivos para unirme a este libro es entonces de naturaleza moral. Mientras que es perfectamente aceptable que los líderes religiosos recuerden a sus acólitos que, digamos, el suicidio asistido es un pecado, es por completo inaceptable que intenten imponer los valores cristianos a todos los demás. Si un paciente moribundo con dolores insoportables siente la obligación moral de compartir la Pasión de Cristo, es libre de hacerlo. Pero ¿quién es la iglesia para decirle a quienes no suscriben sus puntos de vista religiosos cómo deben morir? Una democracia liberal basada en una estricta separación entre Iglesia y Estado debe garantizar a sus ciudadanos poder vivir y morir cada uno según sus propios valores.

El artículo es parte del libro 50 Voices of Disbelief: Why We Are Atheists, dada la época en la que empezamos a estar, un precioso regalo de navidad. Visto en IEET. Foto de Napalm filled tires.

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Dios, el Universo y todo lo demás

Publicado por Ismael

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Se ha celebrado multitudinariamente en los últimos días el aniversario de la caída del Muro de Berlín. Sin duda se trató de un acontecimiento histórico. Me permito considerar esta reunión de Stephen Hawking, Carl Sagan y Arthur C. Clarke como un acontecimiento de una historicidad comparable. El mérito es del periodista escocés Magnus Magnusson, fallecido en 2007. Sirva como ejemplo para todos los periodistas actuales. No es desde luego necesario intentar compensar a todas horas la inferioridad intelectual con tus invitados haciéndose el gracioso.

Sé sensible al sentido del humor que despliega Hawking durante toda la emisión. Su falta de rencor hacia la vida, aplicada a tu propia realidad, debería elevar tu humanidad unos cuantos escalones. Resulta de una devastadora ironía que el enfermo profesor sea el único que hoy nos queda vivo de los cuatro.











Me resulta complicado acreditar el origen de los clips, así que mi agradecimiento a skizocangi, a TokiChannel y a DocuCiencia.

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¿Qué tienen los dioses en la cabeza?

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¿Qué tienen los dioses en la cabeza? De todo. Incluso maná.

Viñeta de Alberto Montt.

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La leyenda de los Heike, por Carl Sagan

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El pasado 9 de noviembre, Carl Sagan hubiera cumplido 75 años. Está sólo al alcance de los seres humanos elegidos el que tu aniversario sea multitudinariamente celebrado incluso cuando ya has muerto, y no te quedan años por cumplir. Lo hacen la práctica totalidad de nuestros blogs amigos; Libre Pensar, Wis Physics, Ciencia Kanija, Ciencia al Día, Magia Crítica o Ciencia en el XXI.



Me permito aportar mi propio homenaje a Sagan. A mi parecer, estos minutos del segundo capítulo de Cosmos son el momento más inspirador de la serie completa. Tal y como Darwin hubo hecho hace hoy 150 años, Sagan explica con un fascinante ejemplo histórico cómo funciona la selección artificial, la que realizan los humanos, en este caso involuntariamente; para después desvelar que la Selección Natural tiene exactamente el mismo resultado, sólo que a través de un proceso gobernado por la naturaleza completamente distinto.

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Los ateos comen niños

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Es bien conocida la acusación por parte de todo tipo de religiosos, acerca de nuestra costumbre, la de los ateos, de comer niños. Jake Collyer publica esta fotografía, a modo de prueba definitiva. Ya no podemos escondernos.

Visto en Godless Blogger.

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Si la evolución funcionase como la moda

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«Mira de qué forma se ha desarrollado la trompa de ese tío. Menudo menosmola. No te juntes con ese perdedor.»

«Si la evolución funcionase como la moda.»

Viñeta de Wulffmorgenthaler.

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El Síndrome de Attenborough

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Recibe el nombre de Síndrome de Stendhal la afección psicosomática en forma de taquicardia, vértigo, confusión o incluso alucinaciones provocada por una sobredosis de belleza artística. Fue acuñada por el propio autor francés del siglo XIX tras una visita a la Basílica de Santa Cruz en Florencia, Italia. Nos permitimos ahora acuñar el Síndrome de Attenborough —en honor a David Attenborough, recientemente premiado con el Príncipe de Asturias y, en palabras de Richard Dawkins, el hombre vivo más respetado de la Gran Bretaña— como la misma afección sucedida por una sobredosis de la belleza de la naturaleza.

Fruit Bats from Ismael Valladolid Torres on Vimeo.



En el clip, primero cientos, luego miles, y al final millones de murciélagos de la fruta, de casi un metro de longitud, atraviesan el Congo para reunirse sobre un lago en Zambia. Animales feos de cojones protagonizan unas escenas de una belleza sobrecogedora.

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Agua en la cabeza

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«Ya le dije hace dos meses que su cabeza no contiene demasiada agua. Por favor, deje de hacerme perder el tiempo con sus patéticos lamentos...»

«A veces, los médicos no aceptan que se han equivocado.»

Viñeta de... Sí, ellos.

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La Biblia es casi lo suficientemente creíble

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«El suelo se estremece, y las rocas se resquebrajan. Las tumbas se abren, y los cuerpos de los muertos sagrados se levantan. Salen de sus tumbas y, después de resurgir, caminan hacia la ciudad sagrada, donde todos puedan verlos» —Mateo 27:51-53


«La Biblia. Casi lo suficientemente creíble como para basar cómo te comportas en la vida en ella.»

Visto en LOL god —es un decir—.

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Al fin y al cabo, el Muro de Berlín estaba bien levantado

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«Si algo nos ha demostrado la historia es que para derribar los muros que nos separan es imprescindible levantarlos.»

Viñeta de Rafael Vega Sansón para El Norte de Castilla.

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El primer micropene

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Viñeta de Alberto Montt.

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Cosas de Pedro Almodóvar

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Pedro Almodóvar opina que «el crucifijo pertenece a la iconografía pop». El crucifijo es para Almodóvar una pieza presente en toda su carrera cinematográfica «como elemento decorativo, exento de referencias católicas».

Estoy completamente de acuerdo, y esto no es una ironía. Así que, si para la mitad de la población española es correcto que en las aulas de los colegios figure un icono pop a la vista de los niños durante toda la jornada escolar, ¿por qué no el Mao de Andy Warhol?



Ya sé, la idea es mala. Pero no es mía.

Visto en Chile Ateos Unidos.

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El fakir cagueta

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Los fakires de hoy en día ya no son lo que eran. Viñeta de Alberto Montt.

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Arte y religión, o arte y evolución

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¿Necesita el arte de la religión? La respuesta estaba desde luego clara en tiempos del Barroco. Nadie posterior al siglo XVIII ha compuesto música tan perfecta formalmente y al mismo tiempo tan inspirada melódicamente como la de Bach o Haydn. Y se trataba al 100% de música sacra. El humorista George Carlin —el más grande entre los humoristas humanistas con el permiso de Monty Python— era un gran aficionado a la música, hasta el punto de que presumía de la más amplia colección de vinilos de toda Norteamérica. Carlin no tenía reparos en reconocer que la música sacra es la más importante, por no decir la única, aportación de las religiones a la humanidad.

Con posterioridad, desde luego iniciado el siglo XX, pero empezando ya con gente como Beethoven o Schubert, empezó a quedar claro que el impacto psicológico de una obra es tan importante como su belleza formal o la pura inspiración. Conocemos ejemplos posteriores magníficos de que probablemente el arte es la manifestación de un instinto básico de nuestra especie, y no un acto intelectual. Así que quizás la aportación espiritual de las religiones no es necesaria para el arte. Desde luego, la obra literaria de Shakespeare es por completo pagana, y su excelencia está libre de sospechas.



El último ejemplo es The Comedy of Change, un montaje de la Rambert Dance Company con música de Julian Anderson, iniciada en las conmemoraciones por el 200 aniversario del nacimiento de Darwin y el 150 aniversario de la publicación de El Origen de las Especies. La iniciativa de hecho surge de Stephen Keynes, descendiente directo de Charles Darwin.

Visto en La Revolución Naturalista.

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Anda, y que cambie el clima lo que tenga que cambiar

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Corolario al artículo publicado a primera hora de esta mañana. Viñeta de Rafael Vega para El Norte de Castilla.

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La ecología no es una religión

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Wendy M. Grossman

Que un juzgado sentencie que el ecologismo es equivalente a una creencia religiosa es una mala noticia para la ciencia. Y para los esfuerzos para combatir el cambio climático.

Por lo que he leído, muchos hombres que pagan por sexo sólo desean una transacción donde su dinero compra el cuerpo y el talento amatorio de una prostituta, pero no se pretende adquirir su corazón ni su pasión. Hay trabajos así. Ser jefe del programa de sostenibilidad de una gran empresa debe ser uno. Mientras que esperamos de nuestros seres cercanos que sean serios y sinceros, para muchas grandes organizaciones el único parámetro para sus programas de sostenibilidad es el coste y no la convicción. ¿Quién sería tan devotamente ecologista para trabajar en la sostenibilidad en una gran empresa?



No juzgaremos los elementos empresariales —rendimiento en el trabajo, comportamiento corporativo— en el caso de Tim Nicholson, antiguo jefe de sostenibilidad para Grainer PLC. A Nicholson se le aplicó una reducción de plantilla en 2008, y la pasada semana se supo la decisión de un tribunal laboral basada en las regulaciones de Igualdad Laboral sobre Religión y Creencias. La compañía afirma que su decisión fue debida a necesidades operativas, y claro está que todos sabemos lo que la recesión ha causado en las empresas del sector de la construcción.

Pero es que Nicholson afirma, sin embargo, haber sido despedido por su profunda creencia en el ecologismo.

«Es una creencia filosófica basada en mis valores éticos y morales y apoyada firmemente por las evidencias científicas» afirma Nicholson en un clip de vídeo publicado por la BBC. Describe esas evidencias de cambio climático como «abrumadoras» y a sí mismo como moralmente obligado a «hacer algo al respecto». Nicholson ha hecho cambios personales en su vida. Ha dejado de volar, no come carne, ha renovado su casa, y trabaja ahora para una socidedad médica ecologista caritativa en Oxford.

Sea lo que sea que ocurra con Nichoson, lo que debe preocupar es que se asimilen ciencia y religión. Graigner intentó en el juicio caracterizar sus creencias como basadas en la ciencia, en hechos, pero la corte ha decidido que dichas creencias son tan extremas que «sobrepasan una opinión».

A Nicholon no le a parecido mal. Pero debería. Cuando se afirma que creer que el cambio climático es el desafío más importante de la humanidad es religión los argumentos sobre qué hay que hacer ahora pierden todo su peso. Todas esas creencias son iguales. Si el cambio climático tiene que competir con una religión, entonces todos los que lo comparan con alguna forma de apocalipsis ignorarán reducir las emisiones de carbon y no dejarán de quemar combustibles fósiles.

Sólo cuando se ve como un asunto de ciencia y hechos palpables, cambiar nuestro estilo de vida pasa a ser un imperativo moral. Las acciones de Nicholson pueden ser extremas, pero sólo juzgadas desde el punto de vista actual. Dentro de una o dos décadas su estilo de vida podría ser —debería ser— visto como el normal. Nicholson debería preferir ser visto como un pensador avanzado que como un fanático religioso.

Convertir asuntos que deberían limitarse a las evidencias científicas en discusiones filosóficas por supuesto que no es nuevo. La televisión lleva décadas emitiendo «debates» sobre asuntos como la astrología o la curación gracias a la fe. Recientemente The Spectator intentó organizar uno sobre si el HIV es realmente la causa del SIDA, algo que la ciencia ya hubo consensuado hace 20 años. Son asuntos que deberían limitarse a los hechos y las evidencias, no las creencias o la opinión. Debatir sobre la realidad del cambio climático tenía sentido también cuando no había consenso. Ya no. El consenso ahora es que la cuestión no es si debemos cambiar, sino si podemos hacerlo lo suficientemente rápido como para impedir que nuestra especie se extinga.

Las religiones se basan en creencias. La ciencia no es un sistema de creencias, sino el mejor proceso del que disponemos para establecer verdades. Pieza por pieza y éstas independientemente replicadas. Nicholson debería estar horrorizado por la forma en la que ha ganado su juicio.

Visto en The Guardian. Foto de Takver.

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El cromosoma masculino

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Como ya sabes, la mujer tiene duplicado el cromosoma X. El cromosoma Y es exclusivo del sexo masculino. Cabe pensar que haya codificadas en ese gen características exclusivas del hombre. Por ejemplo, las enumeradas en el gráfico.

Visto en Ciencia Al Día.

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Con lo que Schroedinger no contaba

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«Venga ya, físicos. Hace ya casi 75 años. Acéptenlo.

EL GATO DE SCHROEDINGER ESTÁ MUERTO.

Y la caja empieza a apestar.»

Gentileza de la PETHA, algo así como la Sociedad Protectora de los Animales Hipotéticos. Visto en Brown Sharpie.

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Creencias estúpidas que tiene la gente inteligente

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Greta Christina

«No puedes refutar la religión.»

Con ésta me encuentro repetidas veces últimamente. «No puedes refutar la religión. Al menos, no la mía».

«Bien, por supuesto» continúa la charla «que muchas creencias anticuadas, como el Creacionismo, el universo girando alrededor de la tierra, la ruta del sol sobre el cielo siendo trazada por los carros de Apolo, han sido demostradas como falsas por la ciencia. Pero muchas creencias moderadas y progresistas no pueden ser refutadas por la ciencia. Son cuestiones de fe, cosas que la gente razonablemente elige creer basándose en su experiencia vital personal».

Y luego el corolario habitual: «Entonces, el ateísmo es tanto un asunto de fe como la religión. Y los ateos que piensan que su ateísmo está mejor soportado por las evidencias son tan dogmáticos y de mente tan cerrada como los creyentes religiosos».

Lo habitual por parte del ateo es gritar: «Ya empezamos con Dios. Cualquier fenómeno que la ciencia sea incapaz de explicar todavía, ahí es donde metes a tu Dios. ¿Qué sentido tiene? ¿Por qué cualquier fenómeno todavía no explicado puede serlo por la religión? ¿Alguna vez un vacío en nuestro conocimiento realmente ha podido ser rellenado con Dios?»

Lo que no es una mala respuesta, y una que he dado muchas veces. Pero hoy quiero decir algo distinto.

Hoy quiero apuntar que, simplemente, todo eso no es cierto.



El hecho es que muchas religiones moderadas hacen afirmaciones sobre el mundo observable, y muchas de ellas no están soportadas por la ciencia. De hecho, entran en clara contradicción con ella.

Quiero hablar sobre tres creencias religiosas específicas. No son oscuros cultos con dogmas fundamentalistas rígidos. No es Creacionismo. No es la idea de que las hostias ingeridas durante la comunión literalmente y físicamente se transforman en la carne fresca de Jesucristo en algún punto indefinido del tracto digestivo. Ni la idea de que la mente humana es una creación de los extraterrestres. Quiero hablar de tres creencias ampliamente defendidas por creyentes moderados y progresistas. Creyentes educados e inteligentes que respetan a la ciencia y no desean que su religión la contradiga.

Sin embargo quiero resaltar que incluso esas creencias entran en contradicción con la vasta preponderancia de las evidencias disponibles. Tanto como los cultos oscuros y los dogmas fundamentalistas rígidos.

Así que allá vamos. Las creencias a ser golpeadas hoy son:

Dios guía la Evolución

También conocida como «evolución teísta». Hay entre los religiosos moderados una postura muy común sobre la Evolución. Rápidamente niegan las afirmaciones de los creacionistas sobre que el Universo y la humanidad fueron creados de un plumazo hace 6.000 años. Reconocen que las evidencias contradicen esa afirmación. En su lugar, dicen que la Evolución funciona exactamente como dicen los biólogos, pero que ese proceso es guiado por Dios. Para darnos la humanidad, y la enorme diversidad de la vida existente.

Esta creencia la contradicen las evidencias de forma tan tozuda como contradicen el Creacionismo.

Nada en la anatomía, nada en la genética, nada en los registros fósiles o geológicos, o en cualquier manifestación de la evolución sugiere mínimamente una intervención divina.

Más bien al contrario. Si hubiese una mano divina guiando el proceso, la evolución habría procedido de forma radicalmente distinta a como lo ha hecho. Esperaríamos ver, entre los cambios anatómicos de generación en generación, al menos algún ejemplo ocasional de que la estructura cambia de forma no gradual. Esperaríamos ver —un ejemplo aleatorio— que la espalda o las rodillas humanas están diseñadas para un animal bípedo y no para un cuadrúpedo —lo digo cabreada mientras pongo un poco de hielo en mi rodilla torcida—. Esperaríamos que el ojo humano no tuviese un punto ciego, y en su lugar nuestro ojo tuviese el diseño del del pulpo, que no lo tiene. Esperaríamos que nuestro nervio vago tuviese una ruta definida, y no diese cien vueltas hasta terminar mucho antes de donde sea que estuviese pensado que fuese a dirigirse. Esperaríamos que nuestra forma de analizar los riesgos, embutida en nuestra mente, fuese la de un animal cuya esperanza de vida supera los 70 años, y no la de uno que apenas debería superar los 35. Deberíamos ver... Y más, y más.

Y no son sólo los humanos. Esperaríamos ver agallas en las ballenas, dedos pulgares en los osos panda, o avestruces sin esas estúpidas alas.

Pero no vemos nada de eso.

En realidad vemos exactamente lo que esperaríamos ver si la Evolución fuese un proceso enteramente físico y natural. Vemos seres vivos con un diseño estúpido, ineficiente, diseños que no existen por razón convincente alguna, sino sólo para mostrarnos que el incrementalismo es una parte inherente al proceso físico de la Evolución. Vemos adaptaciones anatómicas restringidas por el hecho de que cada generación sólo puede ser mínimamente distinta de la anterior, sin saltos de calidad hacia versiones básicas completamente distintas. Estas mismas adaptaciones anatómicas también están restringidas por el hecho de que cada nueva versión necesariamente es una mejora sobre la anterior, o al menos no un deterioro. Existen grandes evidencias de que la Evolución procede de forma muy lenta, muy gradual, forzando a que la anatomía de cada generación sólo cambio muy levemente, si es que cambia, sobre la de la generación anterior.

No es como algo diseñado por un diseñador consciente, o simplemente manipuladas por él, funcionaría.

Incluso cuando un diseñador se atasca con los trazos de un diseño previo, puede hacer cambios no incrementales muy significativos. Puede quitar las vitrinas y poner en su lugar ventanas, o mover el horno al otro lado de la cocina, donde ahora está la nevera. Nada le obliga a ir moviendo el horno un centímetro cada semana, cada año o cada veinte años. Y no está restringido a un sistema en el que cada uno de esos centímetros necesariamente es mejor centímetro que el anterior. Tampoco a un sistema en el que, si el horno ha sido desplazado en una serie de mejoras incrementales, hay que dejar de moverlo si tapa la puerta, porque tapar la puerta es algún tipo de desventaja.

Desde luego, si ese diseñador es omnipotente, nada le obliga a mantener los trazos de un diseño previo. Nada le restringe. ¿Por qué narices un Dios todopoderoso y benevolente, capaz de alterar mágicamente el DNA, traería la vida al planeta a través de un proceso lento, cruel, violento e ineficiente? ¿Por qué idearía la evolución, en primer lugar?

Es cierto que hay evidencias de lo que a veces llamamos «saltos» en el registro fósil, evidencias que sugerirían que los cambios evolutivos a veces ocurren de forma más rápida de la prevista. Es un asunto controvertido, pero uno estudiado por biólogos evolucionistas muy respetados. Pero muchos creyentes en la evolución guiada por Dios se agarran a esta hipótesis como se agarrarían al último helicóptero que sale de Saigón.

Aún llamarlos «saltos rápidos» resulta confuso. Rápido, en términos evolutivos, significa «teniendo lugar en cientos de años y no en miles de años». Como las recientes investigaciones demuestran, hay cambios evolutivos que tienen lugar sorprendentemente rápido, incluso en décadas, y aún son procesos naturales de acumulación de pequeños cambios, alteraciones incrementales en cada generación sobre la anterior. Exactamente lo que esperaríamos si la Evolución fuese un producto enteramente natural y físico, basado en la descendencia con modificaciones. Así que incluso si la hipótesis del salto rápido —o del «equilibrio puntuado— es cierta, no apunta a que Dios maneja la evolución. Ni por lo más mínimo.

De nuevo: No hay la más mínima evidencia que apoye la idea de que Dios guía la Evolución. Y son millones las pruebas que sugieren lo contrario.

El alma inmaterial anima la consciencia humana

Lo reconozco libremente: No entendemos todavía muy bien la consciencia. Las ciencias de la neurología y la neuropsicología están en su infancia. Y las preguntas básicas sobre qué es exactamente la consciencia, de dónde viene exactamente y cómo funciona están casi todas sin contestar.

Pero se está investigando. Y los ladrillos básicos para nuestro entendimiento de la consciencia empiezan a ser construidos. Hay cosas que ya sabemos sobre la consciencia.

Entre esas cosas que sabemos está que, sea lo que sea la consciencia, parece ser un proceso enteramente biológico. Son muchas las evidencias que apuntan en este sentido.

Cuando hacemos cambios físicos al cerebro, cambia la consciencia. Drogas, heridas, cirugía, pérdida de sentidos, corriente eléctrica, campos magnéticos, medicación, enfermedad, ejercicio, son cosas que cambian nuestra consciencia. A veces, drásticamente. Llegando a transformar por completo una personalidad. Incluso pequeños cambios en el cerebro causan masivos cambios en nuestra consciencia, temporales o permanentes.

Lo contrario también sucede. Las resonancias magnéticas demuestran que cuando alguien piensa cosas distintas, diferentes partes de su cerebro se activan. Cambiar de opinión cambia tu cerebro, tal y como cambiar tu cerebro cambiaría tu opinión.

Por supuesto, tenemos ese drástico cambio en una consciencia causado por ese también drástico cambio en la actividad del cerebro física conocido como «muerte».

Todas las evidencias disponibles apuntan a la conclusión de que cuando el cerebro muere desaparece la consciencia. Y cuando hablo de que el cerebro muere, no me refiero a cuando le retiras el oxígeno durante unos minutos, esas famosas «experiencias tras la muerte». Hablo de cuando el cerebro muere permanentemente. La creencia de que la consciencia sobrevive a la muerte es probablemente la más investigada de todas las hipótesis sobrenaturales. A nadie, ni siquiera a los científicos, le gusta una muerte permanente. Nada ha sido demostrado. Son muchos los informes al respecto pero, cuando se examinan cuidadosamente y con una metodología científica rigurosa, el castillo de naipes cae.

Todo lo que entendemos sobre la consciencia apunta a que se trata de un proceso físico y biólogico. Los cambios físicos causan efectos observables. Cuando eso mismo lo apreciamos en cualquier otro fenómeno, lo achacamos a la ley de la Causa y Efecto. No tenemos motivos para pensar que en el caso de la consciencia hay elementos adicionales.

Y no hay un solo recorte de buenas evidencias que soporten la hipótesis de que la consciencia es siquiera en parte un fenómeno sobrenatural. Hay muchos huecos en nuestro entendimiento de la consciencia —y me quedo corta— pero no hay una sola evidencia sólida y rigurosamente construida que sugiera que esos huecos deberían ser rellenados por la hipótesis de un alma inmaterial. No hay una teoría buena y comprobable que explique cómo esa alma inmaterial interactúa con el cerebro físico. Todo lo que lo soporta es la creencia desde las religiones de que el alma tiene que ser inmaterial porque... Qué narices, lo parece. Así que durante miles de años, todos esos creyentes con una intuición similar, y a través del boca a boca, han acabado comunicando esa idea a sus seguidores, gracias a elaboradas racionalizaciones que han acabado en sus libros sagrados.

De nuevo: No hay una sola evidencia que apoye la idea de un alma inmaterial animando la consciencia humana, y son muchas las evidencias que sugieren claramente lo contrario.

El Universo consciente

Puedes preguntarte por qué incluyo esta creencia particular en mi lista de Los Tres Grandes Objetivos. Puedes preguntarte por qué, de entre todas las tan ampliamente sostenidas creencias religiosas en el mundo, me obsesiono con este rollo tan New Age y neo pagano de la creencia en que el Universo tiene alma.

Mi respuesta: Vivo en el norte de California. Ahora ya lo sabes.

Es por lo que quiero derribar personalmente esta creencia. Y básicamente voy a repetir lo que ya he escrito en el punto anterior.

No entendemos lo que es la consciencia pero sí sabemos que, sea lo que sea, es un producto biológico del cerebro.

Y el Universo no tiene cerebro.

No hay en el Universo estructuras físicas capaces de soportar una consciencia. El Universo no tiene neuronas, dendritas o ganglios. El Universo tiene estrellas, planetas y otros cuerpos astronómicos, separados por regiones inimaginablemente amplias de espacio vacío.

Y las estrellas y los planetas no se comportan como las neuronas o las dendritas. Se comportan como estrellas o planetas. Se comportan como objetos que, siendo todo lo molones que quieras, no están vivos. No al menos según la definición usual de la palabra «vida»

Luego si la consciencia es un proceso biológico —como sugieren las innumerables evidencias, véase el punto anterior— entonces el Universo, no siendo un ente biológico, tampoco puede ser un ente consciente. Afirmarlo supone redefinir radicalmente lo que entendemos por «consciente». Y no hay motivos para hacerlo, más allá de que te mole la idea de que el Universo es «consciente».

Hace mucho que la consciencia es un fenómeno intangible y misterioso. Antes de Darwin ya teníamos la perturbadora y tremenda variedad de las formas de vida. Pero ahora ya podemos explicarla, y también deberíamos poder explicar la consciencia. Lo inexplicable acaba siendo explicable. Explicable como fenómeno biológico y sometido a las leyes de Causa y Efecto.

De nuevo: No existen evidencias que apoyen la idea de un Universo sensible. Sí existen múltiples evidencias de que bla, bla...

Ahora, todos a coro. »¿Cómo puedes demostrarlo? No lo sabes con entera certidumbre. Dios podría estar interviniendo en la Evolución, sólo que de formas que no puedes distinguir de la Selección Natural. Podría existir una alma inmaterial que interactúa con el proceso biológico de la consciencia, de formas que aún no percibimos. También podría existir alguna sofisticada forma de consciencia que no entendemos, generada por estrellas, planetas y otros cuerpos astronómicos inanimados. No puedes probar con absoluta certidumbre que todo esto no es así. Tu artículo no es más que otro artículo de fe».

Mi respuesta.

No, no podemos probarlo con plena certidumbre.

Tampoco podemos probar con plena certidumbre que el Universo no fue creado hace 6.000 años, por un Dios que deliberadamente puso aquí un registro fósil, uno genético y uno geológico. Y las leyes de la descomposición atómica. Y todo para poner a prueba nuestra fe. O bien la culpa es de Satán que quiere engañarnos para que dejemos de creer. No podemos probar con plena certidumbre que las hostias no se convierten en el cuerpo de Jesucristo al entrar en contacto con el sistema digestivo humano. No podemos probar con plena certidumbre que la tierra gira alrededor del sol, porque nuestros sentidos y nuestras habilidades lógicas han sido perturbadas por un Dios truquero para que creamos que así es.

En realidad no importa. Lo he dicho muchas veces. La plena certidumbre no es el objetivo. Una plausibilidad razonable apoyada por evidencias cuidadosamente recopiladas y rigurosamente puestas a prueba es el auténtico objetivo. Y no hay motivos para aplicar el estandar de la plausibilidad razonable apoyada por las evidencias al Creacionismo, y luego decir que «si no puedes refutarlo con plena certidumbre, entonces es razonable que yo lo crea». Tal y como hacen las creencias en que Dios guía la evolución, en el alma inmaterial o en el Universo consciente.

Si aceptas que el Creacionismo ha sido refutado por una plétora de evidencias científicas, aún reconociendo que existe un 0,00000001% de posibilidades hipotéticas de que sea cierto entonces, si vas a ser consistente, tienes que aplicar el mismo estandar, la misma predisposicion a aceptar las conclusiones científicas razonables incluso sobre ideas que no parecen plausibles, a cualquier otra creencia religiosa.

Incluyendo a las tuyas.

ESPECIALMENTE A LAS TUYAS.

No todo es un asunto de opinión o perspectiva. No puedes transformarlo todo simplemente mirándolo con otros ojos. Hay cosas que son ciertas o no son ciertas. Y no es cierto que el Universo haya sido creado hace 6.000 años. No es cierto que el sol gira alrededor de La Tierra. Y no es cierto que la mano de Dios guíe la Evolución, que nuestra consciencia la anime un alma inmaterial o que el Universo sea sebsible.

No es cierto igual que el Creacionismo no es cierto. No es cierto porque no hay evidencias que lo apoyen. No es cierto porque esas evidencias apoyan lo contrario.

Si vas a ser un creyente moderado o progresista, si vas a ser un creyente religioso que respeta y apoya la ciencia en lugar de tratarla como un enemigo, si vas a ser un creyente religioso que quiere que sus creencias no estén directamente en contradicción con las evidencias científicas... Entonces tendrás que considerar la posibilidad de que tus propias creencias estén tan contradichas por las evidencias como las de los fundamentalistas.

Y si alguna vez piensas que «mi creencia parece haber sido refutada por las evidencias»... Entonces puede que quieras mandar esa creencia a la mierda.

Visto en AlterNet vía RichardDawkins.net. Foto de psiaki.

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Vender

Publicado por Ismael

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«Hoy aprenderemos a violar analmente a gente a la que no conocemos sin necesidad de llegar al contacto físico. Esto también se conoce como "vender".»

«La primera lección del telemarketing.»

Viñeta de Wulfmorgenthaler.com. Suscríbete a su sitio y no necesitarás seguir sus gracias desde un blog birrioso como éste —troll de menéame dixit—.

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Chimpancés y la cultura animal

Publicado por Ismael

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Las distintas poblaciones de chimpancés en África difieren en su forma de utilizar las herramientas, un ejemplo de que probablemente existe algo que podríamos llamar «cultura animal». En el estudio, dos grupos ugandeses en Budongo y Kanyawara son expuestos a un problema con el que no son familiares; miel atrapada en un tronco caído. Resulta que cada individuo recurre a un conocimiento cultural acumulado para resolver el problema. El clip muestra como un chimpancé en Kanyawara fabrica un bastón para recoger el alimento. El informe completo de Gruber et al. aquí.

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Contra el cambio climático, hazte vegetariano

Publicado por Ismael

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David Batty, David Adam

Comer carne podría acabar siendo algo tan socialmente inaceptable como el consumo de alcohol cuando se ha de conducir. Es debido a su impacto en el calentamiento global, de acuerdo con la opinión de una de las máximas autoridades en el tema.

Lord Stern of Brentford fue consejero del Ministerio de Economía británico en cuestiones sobre el cambio climático, y afirma que la gente preocupada en reducir las emisiones de carbón a la atmosfera deberían pensar en hacerse vegetarianos.

«La carne es un desperdicio de agua y genera gran cantidad de gases de efecto invernadero. Su consumo pone una enorme presión en los recursos mundiales. Una dieta vegetariana es mucho mejor» dice Stern.

Se calcula que la cría de rumiantes para su consumo es la responsable de un cuarto de las emisiones humanas de metano a la atmósfera a lo largo del mundo.



En un informe publicado en 2006 Stern avisaba de que los países deberían gastar hasta el 1% de su PIB en detener la emisión de gases de efecto invernadero, y que un acuerdo en la Conferencia sobre el Cambio Climático que ha de tener lugar en Copenhague en diciembre implicará un aumento masivo del coste de producir carne.

La preocupación de la gente sobre el cambio climático ha de llevarles a pensar que comer carne es inaceptable, predice.

«Creo que es importante que la gente piense sobre lo que hace, y eso incluye lo que come» afirma a The Times. «Tengo 61 años y mi actitud hacia, por ejemplo, el hecho de conducir habiendo bebido ha cambiado radicalmente desde que fui estudiante. La gente cambia su percepción sobre lo que es responsable. Y se preguntarán cada vez más sobre el impacto sobre el clima de lo que comen».

Stern fue economista jefe en el Banco Mundial y ahora es profesor de economía IG Patel en la London School of Economics. Avisa también de que ayudar a los países en desarrollo a compensar su impacto sobre el calentamiento global llegará a costar a los contribuyentes británicos hasta 3.000 millones de libras en 2.015.

Mientras tanto, el esfuerzo internacional para intentar asegurarse de que el biofuel utilizado por Gran Bretaña y otros países occidentales para combatir el cambio climático no daña de otras formas el entorno está a punto de colapsar.

La RSPO o Ronundtable for Sustainable Palm Oil es una iniciativa de distintas compañías en el sector que sufre una división sobre las acciones a tomar para controlar las emisiones de dióxidos que podría llevar a su ruptura en los próximos días, dicen fuentes internas.

El pasado año, el ministerio demandó a los suministradores de carburante que reemplazaran un 2,5% del petróleo y diesel vendido por biofuel, del cual al menos un 8% hoy en día es aceite de palmera.

La RSPO hubo establecido una serie de estándares para la producción de este aceite de palmera, pero actualmente está en problemas después de que plantaciones de palmeras en Indonesia y Malasia hayan bloqueado los esfuerzos para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero.

«Si no se resuelve este asunto y las emisiones de gases de efecto invernadero no se incluyen en el estándar, no veo como la RSPO puede seguir emitiendo certificaciones» dice Marcus Silvius del grupo ambiental Wetlands International, el cual forma parte de la citada RSPO.

Visto en The Guardian. Foto de didbygraham.

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La iglesia sueca acepta el matrimonio gay

Publicado por Ismael

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Ocurre que Suecia bien podría ser considerada la nación de referencia en Occidente en lo que se refiere a las cuestiones humanistas. De ahí que en semanas como ésta se lleve dos o tres artículos.

A pesar de las veladas amenazas de la Iglesia de Inglaterra sobre la forma en la que quedarían afectadas sus relaciones, el sínodo de la Iglesia Luetrana de Suecia ha votado recientemente a favor de permitir el matrimonio a parejas homosexuales. Bien por ellos. Agrada ver que algunas iglesias realmente aceptan promover los derechos civiles, aunque los textos que reclaman como sagrados sean rotundamente claros en contra.



Estando de acuerdo con el bloguero sueco Jesper Isaksson, el hecho de que una pareja institucionalice su unión debería estar separado de la religión. Hablar del matrimonio como de una unión promovida por un dios benévolo podría sonar bien, pero pasa por encima el hecho simple de que no existe evidencia alguna de la existencia de ese dios. En el mundo moderno, el matrimonio tiene que ser exclusivamente un asunto legal. Escribe Isaksson:


«El problema hoy en día es que el matrimonio ya no consiste sólo en religión y amor, sino también en derechos legales. Una pareja no casada no tiene los mismos derechos y no es igual ante la ley que un matrimonio. Eso es lo que hay que cambiar. En una nación secular como Suecia, pocas parejas eligen casarse "religiosamente" aunque lo hagan en una iglesia por un párrico. Es una tradición y una meta romántica para muchos de nosotros. Es hora de abandonar la idea del matrimonio como ritual religioso y que empiece a ser lo que en realidad es para muchos de nosotros: Un acto de amor y ley.»


Lo que la religión ha hecho en muchas de nuestras comunidades es trágico. La Biblia Cristiana sin duda es anti gay, y aún así, muchos profesan una religión en la que no tienen lugar. Admiro el progreso de la comunidad gay al forzar a muchas iglesias a evolucionar cuando se trata de derechos humanos. Pero me gustaría que más gente aún le de la espalda a esa antigua superstición que sigue siendo el mayor obstáculo para la igualdad.

Visto en Atheist Revolution. Foto de CarbonNYC.

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Vaya mierda de curso sobre profecías

Publicado por Ismael

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«El curso sobre profecías ha sido cancelado debido a circunstancias imprevistas». Sé lo que estás pensando. Vaya mierda de curso sobre profecías.

Visto en Fail Blog. Gracias Wayfarer.


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Jesucristo se aparece en la puerta del cuarto de baño del Ikea de Glasgow

Publicado por Ismael

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Ya conoces a Ikea. Compiten con Microsoft como la empresa más prospera del planeta. Descubrieron en su día cómo el mobiliario rústico podía desplazar al de diseño en las preferencias de los más jóvenes. Combinado con unos precios ajustados, lo atractivo del diseño sueco, y la posibilidad de «llevárselo puesto» y montarlo en casa, el conjunto lleva ya dos décadas epatando a las clases medias y modestas en al menos dos continentes. Eso, por supuesto, si soportas las multitudes. Un motivo más para comprar en Ikea es que bien podría aparecérsete Jesucristo si tienes la necesidad de visitar los aseos. La fotografía muestra la aparición acontecida en el outlet de Braehead, muy cerca de Glasgow.



El mismísimo mandamás de Ikea ha tenido la ocasión de opinar al respecto y, como a todo buen sueco, la imagen le recuerda más a Benny Andersson, el de Abba.

Visto en Respectful Insolence.

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